Ha bautizado la exposición que presenta en la galería Babel como Neobohemia tránsitos, a base de paisajes urbanos y marinos, en los que también participan las personas con un papel variado. Unas cuarenta obras de colores intensos a las que José Manuel Peñalver, el pintor, se ha entregado, porque se considera muy amante de la pintura.
-Antes de nada, ¿a qué se debe esa serie de premios que acumula?
-Quizá a que me gusta pintar. Durante un par de años participé en todos los concursos que pude y me fue muy bien.
-¿Y qué tiene de bueno su pintura para conseguir estos galardones?
-Yo hago aquello que me gusta mucho. Y como es así, procuro hacerlo lo mejor que puedo e intento trasmitir las cosas que noto, mis sensaciones. Con esos premios yo también me he sentido comprendido.
-En la exposición parece que hay cuadros muy trabajados y otros que acaban muy rápidamente.
-Hay muchas maneras de interpretar la pintura. Veo que, trabajándola de modo más lento, crea unos efectos; y otros, cuando la hago de modo rápido. A veces se funden ambos modos. Todo depende de cómo interprete las cosas, aunque yo nunca me cierro a cualquier iniciativa.
-¿Pueden considerar los espectadores que hay una contradicción en su modo de trabajar?
-Básicamente, pienso que yo estoy ofreciendo en sociedad mis obras porque contienen unas sensaciones que me gustan. Lo que digan los demás me preocupa hasta cierto punto. Lo que me interesa es transmitir mis sensaciones a través de mi pintura y que sean bien recibidas. Y me alegro cuando alguien me comenta que le ha gustado. Me siento muy orgulloso.
-¿También le han dicho por qué no cambia o hace otras cosas?
-Siempre hay quien diga de todo, pero yo, si no siento una cosa, no queda plasmada en ese objeto que es mi cuadro. Y depende de quién me diga o me insinúe las cosas. He tenido la oportunidad de haber tratado con gente que me ha enseñado mucho y que son figuras, como el pintor Antonio López. Él precisamente me hizo una indicación sobre un cuadro que le presenté. Me dijo que estaba tratando el objeto pintado de manera muy ostentosa. Lo acepté, claro. También depende de cómo te digan las cosas. He escuchado otros comentarios que no me van a servir de mucho.
-¿Alguno le ha llegado a herir?
-No he salido mucho en los periódicos y por los críticos no han surgido las posibles heridas. Pero hay quien te dice que si debiera acabar más esto o aquello. Es algo que he escuchado muchas veces y noto que de alguna manera me duele.
-Pese a esto, ¿no tiene intención de acabar más sus obras?
-Es que me gustan más así. Yo veo un objeto, lo miro y, si me gusta mucho, es el que plasmo. A veces se me queda en el principio, porque tiene frescura; y otras, noto que necesito trabajarlo más. Mi pintura comunica con la gente de mi entorno, que es a la que yo valoro en mi proceso. Soy feliz, aunque también sé que estoy en una escala de aprendizaje.
-¿Quiere decir que no sabe qué rumbo tomará?
-Lo que no sé es qué me va a gustar, conforme vaya aprendiendo más sobre los planos, los objetos, la vida... He visto cuadros que pinté hace veinte años y no me gustan. Voy cambiando conforme va pasando el tiempo, y creo que para mejor.