Unos 6.000 murcianos -Alrededor de 5.000 dentro del pabellón y otro millar en la puerta- arroparon ayer al obispo de la Diócesis, Juan Antonio Reig Pla, durante el encuentro diocesano de las Familias, que se celebró en el Príncipe de Asturias y que sirvió como acto preparativo para la próxima visita del Papa Benedicto XVI a Valencia, el próximo verano.
La celebración se inició con el testimonio de tres familias cristianas, quienes describieron la forma en que transmiten a sus hijos la fe. Entre ellas, el matrimonio formado por Antonio José y Blanca emocionó a muchos al revelar que la hija que esperan tiene pocas posibilidad de vivir después de su nacimiento. Blanca, sin embargo, manifestó su «confianza plena en el Señor» y añadió que era posible encontrar la tranquilidad en la turbación, «como hizo San Pablo».
Después de las intervenciones de las familias, el alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, felicitó a los organizadores del acto por la afluencia de participantes y advirtió de que era posible «compaginar nuestro trabajo y nuestras creencias, sin dejar de ser moderno, como claman algunos».
Cámara también alabó «la labor que realiza el presidente de la Universidad Católica, José Luis Mendoza, por su dedicación por las familias y por impulsar una obra de Dios para el bien de los murcianos». En el acto también intervino Benigno Blanco, vicepresidente del Foro de la Familia.
Homilía de Reig
Las palabras de Blanco dieron paso a la celebración de la Eucaristía, en cuya homilía, el obispo Reig aconsejó a las familias que supliquen «al Señor que os libere de los ídolos del mundo y os conceda hacer de vuestras familias auténticas iglesias domésticas». Además, advirtió de que la Cuaresma, «que nos encamina hacia la Pascua de Resurrección, es un tiempo de gracia para partir la Palabra de Dios a vuestros hijos, para orar juntos, para transmitirles la fe en Cristo».
El obispo animó a los jóvenes a «no tener miedo al sufrimiento y a cargar con la Cruz, porque ella es vuestra salvación». Entretanto, rezó porque los matrimonios «superen toda tentación de infidelidad, separación o divorcio» y pidió a Dios que los preserve «de recurrir a la anticoncepción, a la esterilización voluntaria y al aborto». Reig también oró para «curarnos de la ceguera espiritual de considerar la destrucción de la vida humana naciente como un progreso. Danos la sabiduría para comprender que el aborto destruye a la mujer y la hace la primera víctima en medio de una sociedad farisaica y despiadada».