Nadie se esperaba este final. Bueno, sí el deportivo con la victoria de Santos González, pero no las circunstancias ajenas a la voluntad de la organización que, bajo forma de fuerte e implacable viento, obligaron a los ciclistas a disputar una dantesca etapa en la que llegó incluso a correr peligro su integridad física.
El viento, con rachas que fueron oscilando a lo largo de la mañana entre los 40 y los 80 kilómetros por hora, azotó a los corredores en cuanto abandonaron el casco urbano de Murcia. Mientras el viento sopló a favor, bueno; pero en cuanto se cambio a lateral y, sobre todo, a frontal, era una tarea de titanes seguir sobre la bicicleta y no dar con los huesos en el suelo en cualquier inesperada racha.
Pese a ello los ciclistas -ayer más que nunca se ganaron el apelativo de esforzados de la ruta- intentaban seguir lo mejor posible, pero sin ningún tipo de alegrías, que el tiempo no estaba para muchos alardes.
Escapada heroica
No obstante cinco héroes quisieron probar suerte. Así, los españoles Fran Pérez -murciano del Illes Balears, muy activo durante todas las etapas de la Vuelta-, Antón Luengo (Euskaltel) Julián Sánchez Pimienta (Comunidad Valenciana), David Etxebarria (Liberty) y Egoi Martínez (Discovery Channel) -no ha habido etapa en la que éste no se haya destacado por sus escapadas- se marcharon del pelotón cuando apenas se llevaban corridos 22 kilómetros.
El pelotón ni se inmutó porque ninguno de los cinco era peligroso para el maillot amarillo y ni los hombres del 3 Molinos, que de- bían defender la posición privilegiada de Santos González, ni los de Illes Balears, que necesitaban atacar para intentar que José Iván Gutiérrez recuperada los tres segundos que le separaban del líder, e incluso ni los del Comunidad Valenciana, que tenían a David Bernabéu a 27 segundos y, por tanto, con posibilidades de dar la sorpresa, se preocuparon de darles caza.
Por eso, y como quien no quiere la cosa -y pese al viento que seguía martirizándoles- los cinco escapados fueron aumentando su ventaja hasta llegar a los 2:30 cuando se transitaba por el kilómetro 80. Todavía les dio tiempo a coronar el alto de La Plata (3ª categoría), pero ya la diferencia había bajado a 30 segundos y se presumía que no podía ya durar mucho.
Y no es que los cinco fugados tuvieran posibilidades de nada, salvo la de mejorar su propia clasificación, sino porque por el pelotón había comenzado a correr la idea de que el Jurado Técnico estaba dispuesto a neutralizar la etapa hasta casi la entrada de Murcia para evitar -como había estado a punto de ocurrir ya en alguna ocasión- que un montón de corredores se fuera a la cuneta en algún abanico o en una inesperada y violenta racha de viento.
La neutralización
Pero, claro, para ello era condición sine qua non que la escapada fuera neutralizada, que se reagruparan todos y entonces pedirle al Jurado Técnico la neutralización. Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra y como todos estaban por la labor, en un abrir y cerrar de ojos los acabaron de reintegrar al redil del pelotón. Y el Comisario Internacional tan sólo tardó tres kilómetros - del 112 al 115- en decidir que la carrera se paraba.
Quedaban aún 23 kilómetros, de los que 20 se harían bajo la protección y el cobijo de los coches que servían para evitar el viento y aunque siguieron montados sobre sus bicis y pedaleando, durante esos 20 kilómetros lo hicieron a ritmo de cicloturistas. A tres kilómetros para la meta se volvió a dar la salida lanzada y todos se presentaron juntos en la meta. Lo de menos fue que el alemán Haussler ganara su segunda etapa en esta Vuelta.