La igualdad en la toma de decisiones será el miércoles el sueño posible del Día Internacional de la Mujer, que este año centra su atención en la urgente necesidad de llevar los lentos pero inexorables avances femeninos hasta la cima de la adopción de decisiones. Pero la tarea, a juzgar por el abrumador desequilibrio, es ingente: ni un solo país ha alcanzado la paridad en el poder legislativo (el que más se acerca, con un 48,8% de parlamentarias, es ¿Ruanda!), y la situación es aún más desigual en los ámbitos empresarial, académico y mediático.
Tan abrumadora discriminación se traduce en la vida político-económica en una virtual invisibilidad de la población femenina, que no hace justicia a su enorme vitalidad cotidiana ni a su decisiva aportación al desarrollo. Basten tres datos, entre otros muchos recopilados por ong como InteRed y Manos Unidas, para resumir ese contrasentido. Por un lado, las mujeres suponen el 70% de las personas pobres y sólo tienen el 1% de la propiedad. Por otro, confirman su papel clave en los países en desarrollo al producir, elaborar y comercializar el 70% de los alimentos.
Lejos de la igualdad
Las cifras, procedan de organismos internacionales o de ong, pueden rastrearse en cualquier dirección. El resultado siempre es el mismo: la mujer está aún muy lejos de la igualdad de oportunidades. En el ámbito educativo, las niñas representan dos tercios de los 120 millones de menores sin escolarizar, y esa misma proporción femenina se da entre los casi 900 millones de adultos analfabetos. El desequilibrio se extiende al escenario laboral, donde los niveles de empleo (25% menos) y de salario (20% menos) son menores para las mujeres que para los hombres. Y se hace también patente en la salud, no sólo por la mortalidad materna -medio millón anuales-, sino por la condición de cuidadora que con frecuencia asume la mujer, cuya atención a personas enfermas o discapacitadas suele ser sin retribución.
De cara al Día Internacional de la Mujer 2006, la ONU remarca la asignatura pendiente de los puestos directivos con la fuerza de los datos. «Pese a los avances educativos, la participación femenina en altos niveles de decisión económica permanece baja», denuncia la ONU, que apenas puede señalar una tasa femenina en cargos directivos del 20% al 40% en 48 de los 63 países de los que existen estadísticas; donde no las hay, sin duda es peor. El perfil de la última década tampoco deja lugar a dudas: las mujeres son el 39% de las personas asalariadas, pero no pasan del 21% en el colectivo empleador; donde dominan (62%), eso sí, es en el trabajo familiar no remunerado.
Alegría a medias
En el ámbito parlamentario, se felicita la ONU, «la participación femenina es más alta que nunca». Pero es una alegría a medias, porque las legisladoras apenas superan el 16%, y sólo han ganado un 5% desde 1975. El déficit es más visible en el mundo árabe, aunque la presencia femenina se ha duplicado en ocho años hasta saltar por encima del 8%. África y América Latina son, en cambio, dos buenos ejemplos de progreso, especialmente llamativo en el caso de Ruanda (48,8%), que desde 2003 adelanta a los países nórdicos y Holanda en porcentaje de mujeres en el Parlamento. Veinte países, incluidos cinco africanos y cuatro latinoamericanos, tienen más del 30%, y España (36%) comparte la octava posición con Cuba.
En el apartado educativo, crece el número de tituladas universitarias («frecuentemente con mejores resultados», apunta la ONU), pero no se traduce ni en empleos académicos ni en fondos para investigación, que siguen yendo más a sus colegas varones. Las mujeres, además, están «infrarrepresentadas» en la dirección de las universidades. En una lista parcial de países europeos con datos recientes sobre rectoras, España (6%) figura en undécimo lugar; en primera fila (25% a 20%) aparecen Croacia, Eslovenia y Finlandia.
En cuanto a los medios de comunicación, la ONU dibuja una desigual ecuación de mujeres periodistas y hombres directores; aunque ellas son ya un tercio de las plantillas, no llegan al 3% de puestos directivos.