El autor de los cuarenta y seis Episodios Nacionales fue el más grande de los escritores españoles del siglo XIX y su obra la novela histórica más genial de todos los tiempos. Cervantes y Galdós son los dos grandes pilares por los que transcurre la aportación de la novela en lengua española a la cultura mundial.
Los Episodios Nacionales, la mejor novela histórica escrita en lengua española, es obra de un autor que se convierte en protagonista de la historia que escribe.
Galdós quiere entender la riqueza de contrastes que configura el siglo XIX español, buscar el significado de lo que ocurre en este país, hacia dónde camina España y por esa razón su obra es historia, es novela y finalmente estamos ante una interpretación viva del pasado. La suma de estos valores hacen que esta obra siga siendo actual y cada generación redescubra como un tesoro los Episodios Nacionales.
Cuando comienza a escribir Trafalgar, Galdós se entusiasma con la idea y proyecta la construcción de una bóveda que cubrirá el arco que recorre los momentos más heróicos de la ciudadanía española ocurridos entre 1805 y 1814.
¿Por qué eligió Galdós la batalla naval de Trafalgar como comienzo de su epopeya literaria? Porque sorprende que inicie con un combate, una derrota, que pertenece al fin del siglo XVIII, el rico mosaico del XIX. Como todas las grandes sinfonías, el autor necesitaba de un gran proemio o primer movimiento que sin embargo contuviera la fuerza de un acontecimiento singular. Con Trafalgar se pone punto final a la historia antigua y es por tanto comienzo de la aventura histórica del nuevo siglo.
Otras batallas terrestres como Bailén o los Arapiles, los sitios donde la heroicidad popular alcanza grados sublimes, como Zaragoza y Gerona, una guerra con personajes populares como Juan Martín el Empecinado, la intrahistoria y la Corte de Carlos IV, el acontecer militar de Napoleón en España, Cádiz como ciudad escenario donde se centra la trama política española que busca su nueva Constitución, todo forma parte de la primera serie de esta saga histórica en la que los personajes respiran con la juventud y espontaneidad de todo comienzo.
El duelo fratricida con el que finaliza el primer título de la segunda serie es el símbolo del que se derivan los títulos que describen los hechos que acaecen desde 1814 a 1834. Desde la vuelta al trono de Fernando VII hasta su muerte, España vive una época convulsa de la que se derivará una maldita guerra civil que abordará la temática de la tercera serie.
De la guerra heroica por la independencia, pasamos al batallar cotidiano en la búsqueda de la identidad de un país y el ser español. Esta segunda lucha, menos épica y más cruel como toda sangre fratricida, servirá de escenario en un estilo literario más variado en el que no falta hasta el sentido del humor, como por ejemplo en las memorias de Juan Bragas de Pipaón. El autor recoge en este caso lo mejor de la tradición picaresca española.
Es posible que Galdós se planteara continuar o no la ingente tarea de los Episodios Nacionales sabiendo que tendría que afrontar la descripción de una guerra civil entre la España tradicional y menos tolerante contra la otra España liberal, incondicional con el progreso, sabiendo de las contradicciones y zonas oscuras de ambos lados. Carlos Navarro y Monsalud serán los protagonistas que simbolicen las dos caras de una España que no sabrá resolver sus diferencias sin acudir al enfrentamiento.
Tuvieron que pasar diecinueve años, desde 1879 a 1898, para que Galdós se animara a continuar con su obra titánica, por la dimensión y por tratarse de retratar un país, el suyo, que amaba y que se le desangraría en los siguientes Episodios.
Abre la nueva serie el título Zumalacárregui, el caudillo organizador del ejército carlista por cuyo movimiento el autor no siente especial simpatía. Detrás del escenario de esta contienda, Galdós da entrada al romanticismo encarnado en un primer protagonista llamado Fernando Calpena.
La búsqueda de la identidad española se va encerrando en un pesimismo que se traduce en amargas reflexiones. Dos adjetivos caracterizan este pesimismo: la soledad y el desarraigo. ¿No son acaso dos señales de identidad del romanticismo que significa una ruptura con la realidad que nos rodea? La España cotidiana no había sido capaz de encontrar su identidad y navegaba sin rumbo por el laberinto de la historia. España ha perdido la razón, la mesura, ha enloquecido, y la fiebre del romanticismo desgarra un país enfrentado bando con bando. Las entrañas de la historia son vísceras de odio.
Cierra la serie el título Bodas reales y a través de una familia manchega que viene a Madrid y la figura de la madre -doña Leonora-, parece decir que la política resultará una pasión inútil para sacar a España de su lado más sombrío.
La cuarta serie comienza con Las tormentas del 48 y termina con tristeza. Los diez títulos que la integran fueron escritos en cinco años y describen la historia de España desde 1846 a 1868. El reinado de Isabel II es el protagonista histórico y a su lado personajes ilustres como Narváez, O'Donnell y Prim. Los dos principales personajes literarios son Pepe Fajardo, y Santiuste, conocido por Confusio. Ha desaparecido el Romanticismo. Es la hora de la reflexión y de la acción social.
¿Dónde se esconde la verdadera España, la que hiciera posible un progreso desde la convivencia política y social? Los hombres de la política de aquella época no comprendieron ni se preocuparon de la otra España, de la que sufría con el trabajo y se la mantenía apartada del poder del Estado.
Los seis tomos de la quinta serie, desde España sin Rey hasta Cánovas tratan de la historia que comprende desde 1868 hasta 1880.
Uno de los títulos, España Trágica, resume la visión pesimista del autor, porque el asesinato de Prim entierra la parte de la esperanza que quedaba en media España. La pluma de Galdós ya no camina con estilo realista y puntilloso, sino que nos muestra los hechos con la paleta impresionista, como hablando con el lector. La narración es rápida y colorista y en ocasiones menos cuidada. Es la modernidad de la madurez del autor o la necesidad de llegar al final de este viaje interminable.
Galdós ha cumplido ya 68 años cuando escribe estos Episodios y no le preocupa la crítica literaria ni el juicio histórico de su obra, sino llegar y experimentar nuevos caminos como novelista.
Resulta que la historia de España de aquel siglo es tan rica, contrastada, incomprensible, grandiosa, mezquina, que una mente humana no sería capaz de comprenderla. Una visión genial como la de Galdós es capaz de intentarla describir. Y así nacieron y se completaron los Episodios Nacionales que el autor escribió, sufrió y disfrutó durante veinte años, sin contar el paréntesis ya comentado. Del primer al último título transcurren cuarenta años. Y Galdós da entrada en su magna novela histórica a todos los personajes, tendencias, lugares, heroicidades, siempre con el intento de encontrar una razón de ser para la España que buscaba una nueva Historia.
Pero ante todo Galdós escribe novela, hace literatura, crea personajes, da paso a la imaginación aunque el marco sea el acontecer histórico. Y por esa razón Galdós es inmortal en la historia de la novela española.
Los Episodios Nacionales conservan la actualidad y el valor de una grandiosa novela histórica cuya pregunta última es por el ser de España. Y esa interrogante que no encontró respuesta en el siglo XIX, sigue siendo una tarea pendiente y después de un siglo XX que tiñó de rojo la convivencia social durante tres crueles y espantosos años de Guerra Civil.
Todos los críticos están de acuerdo que esta magna novela, escrita en cuarenta y seis episodios, es la obra más prolífica, atractiva y profunda que tiene a España como protagonista, como problema y como canto de esperanza, a pesar de todo.
Al esfuerzo titánico de Galdós, había que responder con una edición excepcional. Ya en tiempo del autor, se intentó una primera edición ilustrada que no llegó a concluirse. Pero ahora los lectores de este periódico tendrán en su mano la edición más valiosa de los Episodios Nacionales. Durante tres años un equipo de editores y documentalistas, recorrieron los fondos iconográficos de los más importantes museos, bibliotecas, colecciones particulares, centros de documentación, para reunir los miles de ilustraciones que acompañan esta irrepetible edición.
Javier de Juan y Peñalosa
Editor de la primera edición ilustrada de los Episodios