La aparición de Pedro Piqueras como conductor de las noticias de las nueve de Telecinco ha levantado muchas expectativas: un rostro conocido, inequívocamente identificado con la información, para un espacio que no logra salir del tercer puesto diario. Las primeras cifras son francamente malas, por debajo del 17%, pero el programa apunta algunas innovaciones interesantes. Hay que darle tiempo, porque la tarea que Piqueras tiene delante no es sencilla: recolocar a Telecinco en el contexto de la oferta informativa y recolocar a la información en el contexto de Telecinco. Los informativos de esta cadena cruzaron su Rubicón cuando pasaron de la distancia crítica a la hostilidad manifiesta hacia el poder; eso pasó en tiempos de Aznar y con Juan Pedro Valentín en la dirección, y su último acto fue aquella entrevista leñadora con el árbol caído. Esa orientación editorial (tan legítima como cualquier otra) no otorgó a los informativos de Telecinco más audiencia, pero sí más influencia.
Ahora bien, después del 14-M el cambio en la mayoría política se tradujo en un cambio de mayoría mediática. Y ya se sabe que, en periodismo, suele ser más rentable la crítica que la consonancia. Los informativos de Telecinco, que seguían con poca audiencia, perdieron su influencia. En este paisaje llega Piqueras para recomponer la piezas. Y el ambiente no es el mejor, porque la información, hoy, ha dejado de ser una prioridad para los canales. Los informativos de las cadenas españolas son, en general, muy insuficientes: apenas hay otros espacios -de análisis, de debate, etc- que desarrollen el argumento de actualidad, la información queda confinada en los márgenes estrechísimos de los noticiarios, éstos tienden a privilegiar la imagen sobre el relato y el impacto sobre el conocimiento y, además, duran cada vez menos, como si fueran una enojosa obligación. Añadamos, en el caso de los canales públicos, una dependencia gubernamental que espanta.
Estos defectos no son exclusivos de los canales españoles, pero sólo aquí se dan cita todos a la vez. Por eso, en España, el ciudadano que quiere estar realmente informado recurre a la prensa, que proporciona la noticia a fondo, y a la radio, que proporciona continuidad y comentario. El verdadero reto de Piqueras consiste en sobreponerse a todas esas tendencias que han relegado la información a un lugar marginal en la tele. Lo cual le conducirá inevitablemente a un nuevo reto: convencer a unos directivos de televisión que empiezan a ver los informativos como un complemento subalterno de unas parrillas cada vez más centradas en el espectáculo. Piqueras tiene a su favor su trayectoria personal, que es brillante y dilatada. Pero tiene en contra la propia realidad de la tele. Osado.