Quedan sólo 4 días para que se reúna en Viena la junta de directores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y las conversaciones entre Moscú y Teherán para la creación de una empresa mixta que permita enriquecer uranio iraní en suelo ruso se asemejan cada vez más a un diálogo de sordos. Si el régimen de los ayatolás no acepta la propuesta rusa, es muy probable que la agencia envíe el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU para que examine la posibilidad de aplicar sanciones. Para que un acuerdo sea posible, el Kremlin exige claramente a Irán, no sólo que acepte reciclar su uranio en Rusia, sino también que renuncie al programa de investigación nuclear que está llevando a cabo sin ninguna supervisión internacional y regrese a la moratoria que venía observando hasta hace unas semanas. Pero en ese punto, al día de hoy, las posiciones son irreconciliables.