Nada nuevo bajo el sol. Ni en el desarrollo de la primera etapa de la XXVI edición de la Vuelta Ciclista a Murcia ni en su final ni tampoco en el primer líder de la carrera que, como suele ser habitual, es un desconocido que durará justo hasta que hoy, con el alto de La Perdiz casi al final, se lo ceda a un colega con mucha más enjundia.
Lo único que se salió del guión fue la escapada de dos hombres -Rubén Pérez, del Euskaltel, y Vaneberg, del Rabobank-, que dieron un golpe de mano en el kilómetro 62 y aguantaron con más o menos fuerzas hasta casi las puertas de la línea de meta en Las Torres de Cotillas, puesto que fueron cazados por el pelotón en el kilómetro 155, a poquito más de siete kilómetros de la llegada y después de 93 de fuga.
Los dos se llevaron francamente bien, dándose relevos continuamente e incluso esperando Rubén Pérez al holandés cuando éste calculo mal la frenada en una curva y tuvo que apoyar el pie en el quitamiedos para evitar la caída al duro asfalto. Incluso llegaron a sobrepasar los seis minutos de diferencia a la altura del kilómetro 80 de carrera -o sea poco antes de llegar a Jumilla-, haciendo concebir a algunos -y no sé si a ellos mismos también- ilusiones de que podrían plantarse en comandita en la meta de Las Torres.
No fue así y ellos mismos se entregaron con armas y bagajes cuando vieron aproximarse a toda máquina a la locomotora del pelotón, comandado en ese momento por el equipo Kaiku, que había cogido el relevo al Illes Balears.
Preparando el esprint
A partir de ahí se desataron las hostilidades. Fueron siete kilómetros frenéticos, con continuos subes y bajas de la cabeza a la cola mientras los equipos iban preparando el terreno a sus más consumados esprinters para los metros finales.
Incluso por allí apareció en un momento determinado Alejandro Valverde, lo que dio pie a pensar que podría disputar el esprint y hasta ganarlo. Pero ni era su guerra ni iba a arriesgar. Por eso ganó el alemán del Gerolsteiner Heinrich Haussler, un perfecto desconocido que solamente había saboreado hasta ahora una victoria -en la 19ª etapa de la Vuelta a España del año pasado- por lo que salir hoy enfundado en el maillot amarillo debe parecerle todo un sueño.
Fiel a su promesa, Alejandro Valverde se dejó ver en la etapa y no sólo para las fotos protocolarias de la salida. Para él fue el esprint intermedio de Fortuna, el primero de la carrera, y estuvo trabajando con su equipo para controlar la fuga y dar caza a los escapados. Sin duda hoy tendrá mucho más protagonismo y el alto de La Perdiz parece hecho a su medida. Igual nos da la alegría de ganar la etapa.