Perdió el gusto por fumar puros, unos habanos espléndidos que le había traído de Cuba su amigo el actor José Luis Pellicena. Fue en Navidad y Alfonso Riera (Murcia, 1956), gestor cultural y director de la Semana Grande de Cajamurcia, supo que algo no iba bien en su cuerpo. Unos meses más tarde, el 10 de junio de 2005, un cáncer en el bazo le condujo a toda velocidad al quirófano. Tuvo suerte -le han comunicado que ya está curado del todo, su familia y sus amigos se han volcado con él, y las muestras de cariño son tantas que le llegan a provocar cierta vergüenza y algunas lágrimas-, y ya anda metido en la preparación de eventos culturales de primer orden. Pero no es el mismo de siempre, ha podido desprenderse de la raíz amarga del dolor y su sonrisa es más amplia y generosa. «El cáncer me ha cambiado», dice. Relajado, feliz, sincero.