La Palma no celebró su quinto centenario con velas, como se suelen conmemorar los cumpleaños, sino a cohetazo limpio. Porque quinientos cohetes, uno detrás de otro, atronaron el cielo de la localidad palmesana para celebrar una efeméride que no suele ser habitual. Y por eso, a la fiesta se unieron el consejero de Agua y Agricultura, Antonio Cerdá; la alcaldesa, Pilar Barreiro, y otras autoridades, así como el grupo de coros y danzas de la localidad.
En La Palma, ayer, todo lo que se movía tenía como punto y final el número quinientos. Y eso se notó incluso, en la paella gigante que se preparó -desafiando a la lluvia y a la desapacible mañana, cierto es- para quinientas raciones.
La jornada festiva en la localidad palmesana incluyó la inauguración de un monumento, elaborado por la escultora Maite Defruc, dedicado a los ganaderos que, hace quinientos años, iniciaron el asentamiento en una zona que, cinco siglos después, es uno de los núcleos urbanos de mayor futuro.
La imagen, descubierta en la plaza de Santa Florentina, también de nueva creación, representa a varias personas, de distintas edades, que se podría interpretar como las distintas generaciones, desde los mayores a los más jóvenes, que han vivido, viven y vivirán en La Palma.
El consejero Cerdá, en una breve alocución a los presentes -algo menos de un centenar de vecinos-, destacó que el monumento refleja la actividad principal del Campo de Cartagena, que es la agricultura y, aprovechando que caían unas pocas gotas de lluvia, mostró su deseo de que «llueva un poco más».
La alcaldesa, por su parte, recordó que, dentro de los actos del quinto centenario de La Palma, el pasado 4 de noviembre se celebró una sesión plenaria del Ayuntamiento, por vez primera en la historia del municipio.
Tras los discursos, actuó el grupo de danzas de La Palma mientras, a menos de dos decenas de metros, el agua de la paella ya hacía chup-chup. Al final, La Palma despidió su quinto centenario a golpe de cohete. Sin velas.