Se descuida un poco y te la comes incluso sin aderezar, por las bravas te la comes: cruda. A Verónica Forqué, te la comes entera y sin rechistar aunque sea como forma de llevártela contigo puesta, de evitar que te abandone, de seguir disfrutando de su talento, de su ternura, de su frescura, de su cachondeo, de su vitalidad envidiable. El público que la ovacionó de manera rotunda el jueves en el bienvenido Teatro Villa de Molina, le expresó rompiéndose las manos todo su cariño y admiración, pero la verdad es que nadie se atrevió a darle ni un bocadito siquiera. Será por respeto o para que se vaya entera y vuelva cuanto antes, vuelva cuando quiera y nos regale otra lección de excelente cómica, de pedazo de actriz que se sale del escenario por los cuatro costados y hace que se detenga el tiempo y triunfe el gozo.