Isidoro Máiquez (Cartagena, 1768-Granada, 1820) está considerado como el innovador del teatro español. Con su intuición por bandera, aspira desde sus inicios a acabar con el amaneramiento y la grandilocuencia que domina la escena en el último cuarto del siglo XVIII. Una tarea ardua y en la que encontró una fuerte oposición de público y crítica, por quienes se sintió perseguido, pero en la que se vio afianzado cuando marchó a París y pudo conocer al gran actor trágico francés Francisco José de Talma, adalid de la naturalidad en la entonces boyante escena francesa. Los elogios sobre su trabajo de actor y posteriormente de director de escena traspasaron las fronteras nacionales, pero no evitaron que Isidoro Máiquez muriera loco y arruinado en Granada.