Caminar por los jardines y algunas calles de la ciudad sin mantener la vista fija en el suelo supone jugársela a la lotería. Los excrementos de perro se alternan a derecha e izquierda cada pocos metros y en ocasiones, la lluvia es la única que puede hacer que desaparezcan.
Los servicios de limpieza viaria, a cargo de Ingeniería Urbana, tratan de paliar lo más gordo con dos moto-cacas, un servicio destinado a la recogida de excrementos, procedentes de perros principalmente, cuyos dueños incumplen la ordenanza municipal no recogiendo los residuos que sus animales de compañía depositan en las vías públicas. Bien por la dificultad de sancionar en el momento de la infracción o bien porque a la hora en que habitualmente se saca al perro, es cuando los agentes están dedicados a otros cometidos, el hecho es que el número de sanciones es muy bajo. El año pasado sólo se pusieron cuatro multas, que pueden variar entre los 30 y los 300 euros.