Para qué vamos a engañarnos. Aquí mientras la cosa no cambie, y esta tarde puede ser la última oportunidad para los de Kresic, en vez de mirar hacia arriba, habrá que ir mirando hacia abajo. El ascenso fue un sueño y los sueños, sueños son, que diría el clásico. Se desvanece, se aleja. Así es que, a despertar muchachos que el furgón de cola no está tan lejos y no hay cuerpo que resista tanta adversidad, tanto desatino y tanto desvarío. Al Murcia, por lo que se ve, también le ha afectado el picudo rojo, esa especie de gusano-taladro que perfora nuestras palmeras. Los resultados cantan por sí solos: ocho derrotas son muchas derrotas a estas alturas de temporada. El equipo ha desbarrado y el problema no son ya los nueve puntos de distancia con el tercero, precisamente el rival de hoy, sino la cantidad de equipos que hay por en medio en la tabla, lo que dificulta cualquier posibilidad de escalada. ¿Milagros?, hombre, haberlos haylos. Y no voy a ser yo el que los descarte pero lo cierto y verdad es que la estadística y la historia demuestran que con los números del equipo de Kresic, a lo más que se aspira es a la permanencia. Desde luego, lo que está claro es que si hoy se pierde en Valencia, las distancias serán prácticamente irrecuperables y el Murcia jugará, si no la está jugando ya, otra liga muy diferente a la que nos prometían Samper y Husillos allá por el mes de septiembre.