Hubo un tiempo en el que los niños querían ser, cuando se hicieran mayores, pilotos de carreras, futbolistas o toreros. Sólo los más formales querían ser subsecretarios, pero todo eso ha ido cambiando y ahora lo que desean ardientemente es ser jubilados y además sin tener que esperar a hacerse mayores. Pertenecer a las clases pasivas es entre nosotros una aspiración o una imposición y así como se dan de vez en cuando Medallas del Trabajo, debieran instituirse trofeos para la holgazanería. Si no se conceden es porque el señor Solbes ha hecho números y nos acaba de advertir de que el gasto público español en pensiones pasará del 8,6 de hace dos años al 15,7, allá en el 2050, cuando los viejos sean otros, salvo don Francisco Ayala, que seguirá escribiendo novelas admirables.