Mateo José apenas contenía la emoción, ya mediado el siglo XIX, cuando amanecía Viernes Santo. A veces, incluso, ni siquiera conciliaba el sueño. Porque en esa mañana en que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno adorna las calles con sus espectaculares pasos de Salzillo, Mateo José se encontraba con su abuela. No estaba la señora entre los miles de murcianos que contemplaban el cortejo. Ni tampoco desfilaba. La abuela de Mateo José López Salzillo, portada sobre un trono, era la mismísima Dolorosa.
Esta Virgen de los Dolores, conocida popularmente como La Dolorosa, fue tallada por Francisco Salzillo en 1755. Es una imagen de vestir, de 165 centímetros de altura y representa el instante de angustia en que María camina al Calvario. Dolorosa con los brazos extendidos, la mirada casi perdida, dirigida al cielo, se adivina en ella una actitud de oración. Doce estrellas componen su corona y, a sus pies, cuatro angelotes la rodean.
Desde hace dos siglos y medio, las leyendas sobre el modelo que sirvió a Salzillo se han sucedido. Ahora, cuando la Cofradía se dispone a celebrar el 250 aniversario de su creación, cuyos actos ya adelantó La Verdad hace meses, continúan tan vivas como el dolor en la expresión de la Virgen.
El catedrático Francisco Javier Díez de Revenga recuerda que el rostro de La Dolorosa inspiró la leyenda popular que relataba a fines del siglo XIX Ramón Chico de Guzmán, «quien aseguraba que Salzillo se inspiró en el rostro de su hermana, hermosa mujer que le ayudaba en el taller haciendo las encarnaciones y pinturas de las imágenes». El rostro de la Virgen, sin duda, representa el canon de belleza en la mujer mediterránea.
«Con el deseo de inspirarse en un modelo dolorido -continúa el profesor-, Salzillo secuestró al hijo de la hermana y lo escondió en lugar seguro». Entonces, según Chico de Guzmán «esparció sobre su desaparición siniestros rumores, y el día que la ansiedad y la amargura de la madre llegaban a su colmo, Salzillo la llevó al estudio, copió aquella desolada figura, prestóle algo de su inspiración divina, y brotó aquella virgen».
El susto de Juana
Esta leyenda ha presentado variaciones a través de los tiempos. Así, otros autores afirman que Salzillo se inspiró en su propia mujer, Juana Vallejos. Francisco Molina, mayordomo de la Cofradía, advierte de que «Juana, cuando sus obligaciones domésticas se lo permitían, acudía al taller para acompañar a su esposo».
Unas veces, en los trabajos propios del artista; otras, posando como modelo, sobre todo cuando tenía que tallar alguna imagen de la Virgen. «No es de extrañar que Salzillo -continúa Moreno-, para esculpir su inigualable Virgen de los Dolores se inspirara en su mujer, como así parece corroborarlo el siguiente hecho: Mateo José, nieto de Salzillo, en diferentes ocasiones aseguró a familiares y amigos que iba a «ver a su abuela» a la procesión de la Cofradía de Jesús.
La talla de La Dolorosa, al margen de quien prestara su expresión para que Salzillo la elevara a arte, siempre ha gozado de gran predicamento entre los murcianos. De hecho, un retrato de esta advocación se incluía en los ajuares de todas las mozas de la huerta y el campo.
El cuadro ocupaba más tarde el comedor y, en la mayor parte de los casos, el dormitorio principal. Y es que, 250 años después de que recibiera la última pincelada, la talla sigue siendo una de las principales joyas que atesora Murcia.