«Lo que, de algún modo, pretendo conseguir con mi escultura es hacer un mundo feliz, sí. Y si se observa mi obra con detalle, creo que tiene cierta alegría, porque para mí la escultura es una fiesta. Hay mujeres que pasean por la playa, y otras que, sentadas en su mecedora, se recrean mirando el mar; otras intentan ponerse o anudarse los zapatos... Son cosas que uno apunta, según va andando por la vida», afirmó ayer el escultor Antonio Campillo durante la rueda de prensa en la que el consejero de Educación y Cultura, José Ramón Medina Precioso, presentó la exposición, que bajo el nombre de Retrospectiva, fue inaugurada ayer tarde por el presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel, en la sala de la iglesia de San Esteban (Murcia), donde permanecerá abierta hasta el 20 de marzo.
El consejero inició el turno de intervenciones y afirmó que la muestra es «una revisión sobre la obra de Antonio Campillo, quien, como afirma Martín Páez, constituye un eslabón estético en una notable cadena de escultores figurativos, que comienza con Planes y González Moreno, y sigue con Carrilero, los Toledo, Hernández Cano, Elisa Séiquer... un conjunto de creadores que forman una escuela murciana de gran personalidad».
Añadió que Campillo, a lo largo de su vida profesional, ha desarrollado un estilo en el que «tradición y modernidad dialogan de manera muy fructífera». Recordó los dos premios Salzillo conseguidos por el escultor y la beca que le permitió viajar por Italia -«y estudiar su tradición escultórica»-, su actividad docente en Córdoba y Madrid, sus innumerables exposiciones y el feliz retorno a su tierra; aludió también a la generosidad del artista, por sus numerosos detalles en distintos ámbitos de la Comunidad.
Escultura con fuerza
Martín Páez, comisario de la exposición, habló de «la fuerza que aúnan las dos tendencias, bien diferenciadas, en la trayectoria de Antonio Campillo», integradas, por una parte, por la escultura religiosa, «vertiente ampliamente representada, por primera vez, en una exposición de este escultor, porque hemos tenido la suerte de haber conseguido algunos relieves que jalonan esa primera época», como la obra del primer premio Salzillo o el relieve del santuario del Niño del Balate. «Son obras -afirmó Páez- que nunca habían estado expuestas al público. Por tanto tienen una importancia añadida al valor de lo escultórico». Aludió a la otra vertiente artística, en la que Campillo «va abandonando esas obligaciones de encargo, y se enfrenta a una escultura más de actualidad, civil, que ya no es el encargo, sino su propia obra. Es a partir de los sesenta cuando se inicia en este mundo. Siempre he dicho que nuestro escultor es deudor en la historia de Donatello, porque con su viaje a Italia, Campillo recoge unos valores con los que él consigue su propia obra, excepcional, que tiene presencia no sólo en Murcia -porque me encanta decir que es un artista local- sino también en Sevilla, Madrid, Extremadura...etc». Enumeró algunas de las obras expuestas y puso especial énfasis en los cinco retratos, en bronce y mármol, obras menos conocidas, pero que se encuentran dentro del campo creativo del escultor. Se refirió también a esa importante «escuela autóctona murciana», con artistas de nivel nacional e internacional, (Planes, González Moreno, Campillo, Carrilero, Pepe y Paco Toledo...) «para cuya obra alguna vez -dijo Martín Páez- habrá que disponer de un espacio, porque son escultores con una personalidad muy propia».