Hay una feliz coincidencia que se hace evidente en el primer recorrido por esta nueva edición de Arco. Se trata, por supuesto, de la combinación entre la pujanza de un mercado artístico que atraviesa por sus mejores momentos y la celebración especial por parte de los galeristas del 25 aniversario de la feria. En cuanto a las tendencias, lo cierto es que la nueva edición de Arco no hace sino reflejar esa actual confusión plástica suprema, donde se constata la defunción hace años del conceptual, la pervivencia del arte figurativo y de un neoexpresionismo de calidad; la profusión de técnicas, formatos o soportes y, por supuesto, el amor a la cultura audiovisual con el video y la fotografía en el zénit.
LO MAS FESTIVO. El pop español devenido en informalismo y espectáculo festivo. Por ejemplo, el viejo Chevrolet Impala accidentado, con un color rojo eléctrico y con un tamaño casi natural, que ha sido creado por el mago del diseño y el cómic Mariscal en la Galería Punto. Todo un desafío para una categoría del arte que está entre la broma, las influencias de Frank Stella y la mitomanía por los carros de los 50 y los 60.
A MIRAR. Es casi como una exposición museística de lo mejor del arte español en el último medio siglo. La galería Antonio Machón ha querido conmemorar el aniversario de la feria confrontando a Tápies, Palazuelo y Saura. Los precios están en consonancia con el prestigio de los artistas, ya que un Saura de gran formato vale 750.000 euros y 174.000 un Palazuelo.
RECOMENDABLE. Siempre hay artistas emergentes con recorrido más que seguro. Por ejemplo, Itziar Okariz, cuyas fotos están a un precio excelente en la Galería Moises Pérez. Más cara es, sin embargo, la compra por 6.000 euros de una foto de Mapplethorpe en la galería rusa Stella Art o la acuerala de una apasionante Manola pintada por Francis Picabia, que se vende por 60.000 euros en la sala de Guillermo de Osma.