Empiezo a no tener claro el mundo en el que vivo. En Cartagena tenemos unos problemas sanitarios tremendos, que he podido sentir no sólo en carne propia, sino también de mis allegados, pero nuestros gobernantes se preocupan por la peatonalización de las calles del centro de la ciudad, los locales, o de recoger firmas para pedir un referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, los regionales. Cinco horas. Nada más y nada menos que cinco horas tuvo que esperar mi esposa el miércoles pasado en las urgencias del Rosell. Cinco horas, que se dice pronto. ¿Saben la cantidad de cosas que se pueden hacer en cinco horas? Pues mi esposa no pudo hacerlas, porque estaba esperando una asistencia médica que, por supuesto, paga, como yo. Y eso no es lo único.
Mi familia y, supongo, muchísimos cartageneros, estamos hartos de leer en los diarios cómo funciona la sanidad cartagenera: que si un médico acusa a los directores del Rosell de cometer irregularidades; que si se desvían pacientes sin ninguna razón; que se pierden los expedientes de más de sesenta personas que llevaban cuatro meses en lista de espera,... ¿Quieren que siga? Pero estamos tranquilos, porque nuestros gobernantes quieren que votemos un referéndum sobre el Estatuto de Cataluña. Pues vale. Con esta gente, así nos va.