La sentencia de siete meses de prisión para el joven de la catana, ratificada ahora por la Audiencia Provincial de Elche por la fuga que José Rabadán protagonizó en esa ciudad, amenaza con significar su ingreso en la cárcel. Al margen de que sean muchos quienes consideran que la pena que recibió este chico por el brutal asesinato de su familia fue totalmente ridícula -menos de seis años de internamiento en un centro de menores-, lo cierto es que ahora, desde un punto de vista estrictamente práctico, tendría poco sentido que fuese encarcelado. Sería tirar por la borda un proceso reeducativo en el que se ha empleado mucho esfuerzo y también mucho dinero.