-¿Qué destacaría de la faceta humana de Severo Ochoa?
-Era un hombre enormemente amable, nunca hablaba mal de nadie y nunca decía una palabra soez. Una vez, yo, cuando tenía cerca de 70 años, hice una exclamación un poco extrema y me echó la bronca. Hablaba poco, le gustaba más escuchar.
-¿Cuáles eran sus aficiones?
-Tenía una enorme capacidad y conocimiento de música y pintura. En El Prado le gustaba mucho ir a ver las obras de Goya, y había dos que le impresionaban mucho. Una era Riña de garrotazos, de dos personas que se están dando palos y se hunden en el fango, y decía: 'Ves, como la Humanidad'. Eso siempre lo recuerdo.