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SOCIEDAD
SANTIAGO GRISOLÍA INVESTIGADOR
«El científico que no es capaz de divulgar lo que hace no es bueno»
El insigne doctor, premio Príncipe de Asturias, abre hoy en el Aula de Cajamurcia el ciclo 'Homenaje a Severo Ochoa' con una charla sobre su maestro y amigo
«El científico que no es capaz de divulgar lo que hace no es bueno»
ENTREGADO. Aunque ya ha dejado la investigación, a sus 83 años sigue entregado a la ciencia y su divulgación. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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EL PERSONAJE
Quién: Santiago Grisolía. Nació en Valencia en 1923.

Formación: Doctor en Medicina por la Universidad de Madrid (1949).

Cargos actuales: Profesor Emérito Sam E. Roberts de Bioquímica y Biología Molecular del Centro Médico de la Universidad de Kansas (1996), profesor distinguido de la Fundación Valenciana de Investigaciones Biomédicas (1992), presidente de los premios Rey Jaime I, secretario de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, presidente del Consejo Valenciano de Cultura (1996), miembro del Consejo de Administración de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia (1996), vicepresidente del Patronato del Centro de Investigación Príncipe Felipe (1996), asesor del Ministerio de Sanidad, Fundación Ferrer y Colegio de Eméritos, entre otros muchos cargos.

Premios y distinciones: Ha recibido la Gran Cruz al Mérito Agrícola de Sanidad o al Mérito Civil; es académico honorario de reales academias de medicina y ciencias de todo el mundo, incluida la Academia Europea de Ciencias y Artes. Premio Cuenca Villoro, Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica (1990), premio Joaquín Garrigues Walker de la Fundación Salvador de Madariaga, Medalla de Oro de la Emigración y varias veces candidato al Nobel de Ciencia.

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Santiago Grisolía (Valencia, 1923) fue un regalo de los Reyes Magos -nació un 6 de enero- a su familia y al resto de la Humanidad. Con 83 años a sus espaldas no se considera viejo, porque la vejez es cosa de cabeza. Practica ejercicio a diario y eso le hace sentirse mejor, pero tanto su cuerpo como su alma están dedicados por completo a la ciencia, campo en el que está considerado una eminencia del siglo XX y, ahora también, del siglo XXI. Candidato en varias ocasiones al Nobel de Medicina, obtuvo en 1990 el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica, uno de los muchos que acumula en su palmarés particular. Aunque para él, quizá el más grande ha sido tener el privilegio de conocer y compartir trabajo y amistad con su maestro «don Severo Ochoa», a quien hoy, a las 20.15 horas, rinde homenaje en Murcia hablando sobre su figura desde el punto de vista humano.

-Se ha preocupado especialmente por la divulgación de la ciencia; ¿qué es lo que hace falta para que llegue a la mayoría de la población?

-Pues los medios. Yo siempre les pido ayuda y generalmente va muy bien. De manera que cuanto más ayuda consigamos de los medios, mejor, porque la cantidad de científicos que hay en este país es limitada. Además, el conocimiento científico muchas veces no es fácil, porque es muy especializado y la transmisión es más complicada. Si uno tiene que explicarlo primero a los medios de comunicación, mejor, porque tiene que hacer un esfuerzo y debe hacerlo para que se transmita y se amplifique.

-¿Por qué muchos científicos son reticentes a colaborar en esa divulgación?, ¿por miedo a que no se transmita con exactitud?

-Sí; pero lo que pasa es que muchas veces los científicos no somos buenos comunicadores; sin embargo los mejores científicos, como don Severo o don Santiago Ramón y Cajal, son excelentes comunicadores. Muchas veces el científico que no es capaz de explicar lo que está haciendo no es buen científico. Además, tenemos esa obligación, porque pedimos ayuda económica a los estamentos y es la sociedad la que lo paga, y hay que corresponder.

-Ha sido candidato al Nobel en varias ocasiones; ¿cuál fue su principal descubrimiento?

-Es muy difícil saberlo, pero, seguramente, el principal descubrimiento que obtuve, de muy joven, fue todo lo que se refiere al metabolismo del nitrógeno. Tenemos tres elementos principales en nuestra alimentación: hidratos de carbono, grasas y proteínas. Y todas las proteínas se tienen que metabolizar -destruirse- en nuestro organismo, en el hígado. Esto generalmente ocurre en las mitocondrias, elementos entre los tejidos, pero en el caso del hígado tienen que ver con el metabolismo del nitrógeno. Yo descubrí las dos enzimas, catalizadoras de la transformación del amoniaco como expulsión del nitrógeno en urea. Se transforma las sustancias tóxicas (amoniaco y nitrógeno) en una no tóxica, la urea, que se excreta.

-¿Para cuándo y para quién el tercer Nobel de Medicina español?

-Es muy difícil de predecir. A mí me alegraría mucho y hay una serie de personajes que lo podrían merecer, pero no es bueno decir nombres porque puedes molestar a alguien. Pero hay un grupo de jóvenes científicos como no ha habido nunca, a pesar de que la competición ahora es más importante y numerosa. Cuando yo era joven era más fácil.

-Mantiene que pasados los 40 no se tienen buenas ideas para investigar...

-Eso es en general cierto. Los grandes descubrimientos se hacen cuando eres muy joven porque se tienen menos inhibiciones. Lo que yo he dicho es que la ciencia no avanza más rápidamente porque los científicos vivimos muchos años. Naturalmente, aunque sigas trabajando y puedas tener buenas ideas, la mayor parte de lo que haces después es una continuación de lo que has empezado muy joven. Es el caso de don Severo. Muchas veces todo se manifiesta en otras direcciones, pero este es un caso de capacidad científica y conocimiento. Se suele decir que la suerte va siempre con la gente más preparada.

-Hoy hablará sobre Severo Ochoa: científico, maestro y amigo; ¿cómo fue trabajar a su lado?

-Yo tuve la enorme suerte de conocer a don Severo cuando él era muy joven y prácticamente desconocido. Él tenía 38 años y yo 22 años. Naturalmente, el número de colaboradores era muy pequeño: un estudiante, un postdoctoral y yo. En un grupo tan reducido, me sirvió mucho porque aprendí directamente de él. Además, no sólo aprendí ciencia, sino el sentido liberal de don Severo. Me marcó mucho y le seguí preguntando para que me guiase en el futuro; me facilitó ir a Chicago después de estar con él y luego a Wisconsin. Nos hicimos además de maestro y discípulo, amigos: mío, de mi mujer, de mis hijos Ha sido una relación muy bella y de la que estoy muy agradecido. Todo lo que he hecho en mi vida, mientras él ha vivido, se lo he consultado.

-Los avances en genética nos sorprenden casi a diario: ¿hasta dónde llegará, según se vislumbra hoy?

-Es una de las cosas por las que a Severo le hubiera gustado vivir más, para ver los avances de la ciencia. El desarrollo que ha habido en genética ha sido fundamental, lo que pasa es que la célula es mucho más complicada de lo que uno piensa. Ahora mismo, hay una clara evidencia de que la idea que se tenía con este gran proyecto del genoma humano, de que una vez conocida la anatomía del genoma se podría avanzar muy rápidamente, no es exacta. Ahora parece que hay una serie de interacciones entre los genes, aunque sin embargo es muy posible que con la nueva tecnología se pueda conseguir el genoma individual por una cantidad relativamente pequeña y se abre la posibilidad de que haya una medicina individualizada, además de la genómica. Las cosas son mucho más difíciles. Creemos que podemos conocer la naturaleza inmediatamente y nos llevamos sorpresas. Pero, sin duda, los avances en 5 o 10 años van a ser espectaculares.

-¿Confía en que el presupuesto de investigación se equipare algún día a la calidad de los investigadores?

-Llevamos 10 años en los que no se ha aumentado prácticamente la ayuda a la ciencia básica. Y digo a la ciencia básica, porque muchas veces hablamos de que en otros países como EE UU una gran cantidad de investigación la hace la empresa privada, que sólo investiga en lo que le interesa, pero no ciencia básica. Eso es obligación del Estado. Por lo tanto, si tenemos un grupo cada vez mayor de gente muy excelente y si además sabemos que el futuro de cualquier país se basa, y cada vez más con las limitaciones energéticas, en la investigación; es hora de que en España dejemos de pensar únicamente en los milagros.

-¿Y cómo potenciar la inversión de la empresa privada?

-Una de las cosas más rápidas es emplear a más científicos en la industria, mediante consorcios que pudiesen beneficiarse de una unión más directa con gente de ciencia básica y que tengan una relación mejor con la universidad.

-¿Cómo encuentra de salud a la universidad española?

-Tenemos un problema muy serio. La universidad española está muy envejecida, utiliza sistemas muy antiguos y no tiene flexibilidad. Es uno de los temas que preocupaba mucho a don Severo. Está llena de funcionarios y aunque dejes de trabajar conservas la plaza; eso le enfadaba mucho. No se puede seguir con mecanismos que mantienen una universidad rígida y funcionarial.

-Es un deportista nato; ¿es imprescindible un cuerpo sano para conservar una mente sana?

-Sí, era un deportista nato, y lo dejé bastantes años y he vuelto. Y sí, es mejor. Me tratan muy bien, como soy el más viejo del gimnasio...




Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.


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