A continuación reproducimos íntegramente el comunicado de Antonio Sánchez Carrillo:
«Hay ocasiones en la vida de una persona en que arrojar la toalla no supone otra cosa que seguir el dictado de lo cómodo, de lo fácil y de lo descomprometido. Reconozco que durante los últimos días, y ya se cuentan más de quince, asisto -atónito y perplejo¯a un proceso en el que soy juzgado por un tribunal compuesto por reconocidos e indubitados adversarios del pensamiento político y filosófico del partido en el que milito. Un tribunal cuyos miembros son maestros de la subjetividad y el sectarismo. Un tribunal cuya sentencia es conocida antes de que se inicie el juicio. Y cuyo fallo no se asienta o fundamenta en la veracidad de los hechos probados y, lo que es más grave, una sentencia que se publica a los cuatro vientos y contra la que no cabe recurso alguno.
Yo no soy un político profesional. Soy una persona que compatibilizando mi profesión, mi noble profesión, con el noble ejercicio de la política, pretendo hacer de Murcia una ciudad cómoda, asequible y habitable. Además, soy una persona comprometida, visceral - no lo niego¯e ilusionada con los proyectos en los que creo. Y sin pretenderlo soy un blanco fácil para mis torpes enemigos.
Y en este fértil caldo de cultivo mis enemigos políticos en su torpeza han decidido señalarme como blanco de sus injurias, calumnias y mezquindades ante la creencia de que la diana de mis atractivos tiene un diámetro infalible.
No me dirijo a los que me conocen. Tampoco me defiendo en esta instancia frente a los que me atacan. Me limito a proclamar, también a los cuatro vientos, que no tengo nada que ocultar, revisar, arrepentirme o avergonzarme de los actos desplegados durante los años del ejercicio de mi actividad política como Concejal del Ayuntamiento de mi Ciudad, por más que mis subjetivos e implacables jueces se empeñen en lo contrario.
Soy una persona honrada y trabajadora. No tengo más horizonte que mi Ciudad y mi Partido. Y si tengo el honor de poder servir a ambos es por la confianza que fue depositada en nosotros por la mayor parte de mis conciudadanos.
Por ellos, por mi familia, por mis amigos y por mi Partido, en definitiva, por los que depositaron su confianza en mi persona, he decidido no dimitir, no seguir el dictado de lo cómodo, de lo fácil y de lo descomprometido. Dimitir sería tanto como refrendar el fallo de la sentencia injusta que unos pocos pretender dictar.
Voy a seguir en la lucha por mi Ciudad y por mi Partido. Por mi honor y por el de mi familia. Y traslado desde ahora el epicentro de la polémica a la sede que corresponde, que no es otra que la de los Tribunales de Justicia, buscando el amparo que unos pocos, pero muy ruidosos, me vienen negando».