El plan contra las llamadas infecciones hospitalarias no sólo contempla la colocación de más dispensadores. Además, se pretende disminuir el número de infecciones que padecen algunos enfermos tras una intervención quirúrgica. Para ello, se ha intentado mejorar el tratamiento antibiótico que reciben los pacientes antes de pasar a la sala de operaciones.
«Descubrimos que en un 90% de las veces, el tratamiento no era el correcto; bien porque se aplicaba demasiado pronto o porque se prolongaba innecesariamente en el tiempo», explica José Antonio Herrero. Ahora, cada paciente llega al quirófano con su kit de antibióticos, y es el anestesista el que los suministra. El resultado: en ocho meses las infecciones por la agresión de gérmenes multirresistentes se ha reducido un 10%.