«Pocas veces he sentido emoción más intensa que cuando creí haber hecho descubrimientos de alguna transcendencia». Estas palabras del bioquímico español Severo Ochoa de Albornoz (Luarca, 1905-Madrid, 1993) ponen de manifiesto el entusiasmo y dedicación de este científico asturiano a la investigación, un entusiasmo que supo transmitir a sus discípulos, como reconocen Margarita Salas y Santiago Grisolía, y que fue origen de los importantes frutos de su trabajo, indispensables para la ciencia actual y más concretamente para la investigación genómica.
Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959 -el segundo español y último en materia científica, el primero fue Ramón y Cajal-, pese a la trascendencia de sus descubrimientos, antesala del desciframiento del génoma humano, han bastado poco más de 12 años para que su figura caiga casi en el olvido. La comunidad científica ha reclamado a lo largo de 2005, año del centenario de su nacimiento, revivir su figura, trascendental para la ciencia, no sólo española sino universal.
Para contribuir a esta labor de justa recuperación de su figura, la Fundación Cajamurcia reúne la próxima semana a tres científicos de reconocido prestigio en su campo para que participen en el ciclo Homenaje al profesor Severo Ochoa.
Junto a Margarita Salas y al de sobra conocido por los murcianos catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia, José Antonio Lozano Teruel, el próximo miércoles, el investigador Santiago Grisolía -también discípulo de Ochoa y reputadísimo científico- abrirá este ciclo de conferencias con una charla titulada Severo Ochoa: científico, maestro y amigo, cuestiones todas ellas que conoce de primera mano, pues fue el primer alumno graduado de Severo Ochoa en el departamento de Química de la Universidad de Nueva York.
Homenaje al profesor Severo Ochoa es una apasionante cita con el pasado, el presente y el futuro de la ciencia, que coordina el profesor de la Universidad de Murcia Juan Carlos Argüelles.