Cuánto tiempo hace que usted no recibe un telegrama? ¿Cinco, diez años? ¿Y cuánto hace que no envía uno? ¿Quince, veinte? Pues si quiere enviar el ultimo de su vida, apresúrese. Correos dejara de prestar ese servicio dentro de nada. Ayer lo hizo la gigante estadounidense Western Union. Los avances tecnológicos no perdonan. Los telegrama han pasado a la Historia. Incluso el fax agoniza. El auge del correo electrónico instantáneo y gratuito y la utilización masiva de los mensajes cortos por teléfono, SMS, han provocado una reducción de la utilización de telegramas. Para no perder asignación presupuestaria esa reducción no ha sido confirmada por los servicios postales de ningún país. Pero parece inexorable. Los motoristas de los ochenta y los servicios de mensajería de los noventa ya habían arruinado a las empresas postales públicas, muchas de las cuales fueron privatizadas. No podían competir. En el calculador de tarifas de los telegramas que aparece en cualquier buscador de Internet no se especifica en qué moneda se expresan. Así que o todavía figuran en pesetas, pese a que el Copyright de la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos está fechado en 2005 o son carísimos.
Parece que fue ayer, pero una canción titulada Un telegrama fue la ganadora del primer Festival de Benidorm allá por 1959. Era de los hermanos García Segura y la interpretaba Monna Bell. Pero se llegaron a hacer de ella más de setenta versiones. Y en todas su estribillo repetía machaconamente: «Antes de que tus labios me confirmaran que me querías, ya lo sabía, ya lo sabía». Después se explicaba: «Porque con la mirada tu me pusiste un telegrama, que me decía, que me decía». Lo que decía haría sonrojar hoy a cualquier rapero que se precie: «Destino, tu corazón; domicilio, cerca del cielo; remitente, mis ojos son; y texto: te quiero, te quiero». Decididamente el telegrama, que ya sólo se empleaba para dar los pésames ha muerto aunque esté mal enterrado. Pongámosle un e-mail.