El nuevo director del Rosell, José Miguel Artero, de 46 años y natural de Lorca, entró ayer por primera vez en su despacho acompañado del recién destituido Cástor Pedro Escribano. Tuvo poco tiempo, pero ya advirtió que el centro sanitario está en pie de guerra y dividido entre los partidarios de los directivos que han dirigido el Rosell en el último lustro y los que apoyan al jefe de Digestivo, Bartolomé García, responsable de la decapitación de Escribano y su director médico, Juan José Pedreño.
Artero lamentó «profundamente» tener que desplazar en estas circunstancias a Escribano, aunque admitió que «dirigir el segundo hospital de la Región» supone «un reto importantísimo» en su carrera como gestor. Desde 1999 había ocupado el puesto de gerente en el hospital Rafael Méndez de Lorca.
Su primer objetivo -declaró- es «recuperar todo lo que se ha perdido estos días» y que «las cosas vuelvan a la normalidad». Para ello, consideró básico «unificar todos los servicios» de los que dispone el Rosell y mejorar en la atención sanitaria que se presta a los ciudadanos cartageneros, tanto en el hospital situado en el antiguo almarjal como en el Naval.
«Espero que todo vaya bien a partir de ahora», dijo en relación al conflicto que ha originado su llegada a Cartagena, aunque insistió en su deseo de mirar hacia adelante y preparar el traslado al nuevo hospital.
Las referencias que llegan desde Lorca y Murcia apuntan que José Miguel Artero es un «buen médico y una gran persona, que ha demostrado una gran capacidad para gestionar el Rafael Méndez y para llevar a buen puerto sus obras de ampliación». En Cartagena se enfrenta a su mayor reto profesional. Tiene trabajo por delante.