TVE-1 ha estrenado Fuera de control, que es su nueva apuesta de ficción. Y, en efecto, parece mentira: parece mentira que todo lo que la primera cadena pública del país puede aportar sea una comedia tan primaria y leve como esta. Supuestamente, Fuera de control ahonda en el mundo de la tele visto desde dentro; eso hay que tomárselo como un mero motivo de ambientación, porque el retrato es bastante superficial. Globomedia, factoría de la cosa, ha presentado el producto como «una serie familiar e innovadora». Aceptaremos pulpo como animal de compañía porque la publicidad tiene sus propias leyes, pero no nos engañemos: Fuera de control ni es familiar ni es innovadora. Es una telecomedia animada, entretenida, con algunos buenos momentos -sobre todo por la pericia de los actores- y que, en general, se ve sin esfuerzo. Pero nada más. Hay algo que suena muy extraño, como a falsete, en el planteamiento de este relato. Es como si los guionistas no supieran exactamente el tono que tienen que dar a la historia.
No se puede pasar con tanta soltura de una atmósfera de comicidad primaria a otra de pretensiones trágicas. O mejor dicho: sí, se puede pasar, pero previo requisito de un cierto talento. Si ese talento no concurre, el espectador se sentirá perplejo y desazonado al ver, por ejemplo, cómo pasamos de la bromita sexual sobre tetas, culos y tiburones a la escena del suicida en el balcón, no en vano rubricada con una exhibición de calzoncillos. La mixtura de rasgos cómicos y rasgos trágicos (o, más modestamente, dramáticos) es un recurso habitual del narrador moderno desde el Quijote, si no antes. Pero, como ocurre con casi todo, la calidad final del producto siempre depende de la calidad de los materiales mezclados. Y en el caso de Fuera de control, esos materiales son de una simplicidad ni siquiera rústica, sino como de plástico malo, de todo a cien, y basta consignar el leit-motiv del escote de Amparo Larrañaga.
La narración no mejora con los elementos añadidos de ideología soft. Con unos mimbres así, todo el buen trabajo que puedan hacer los actores queda seriamente tocado. Los principales protagonistas del relato -Amparo Larrañaga, Loles León, Joaquín Kremel, Pedro María Sánchez- imprimen a sus trabajos una sobreactuación cómica que, dado el contexto, hay que juzgar deliberada, y como son buenos actores, el espectador acepta entrar en el juego. Pero hay que echarle mucha buena voluntad para afirmar que esto es lo que estaba haciendo falta en la parrilla de la pública. Fuera de control es una telecomedia de factura decente y aspiraciones limitadas. Como tantas otras. En su estreno convocó a 3,7 millones de espectadores, por encima del 20% de share. Si mantiene esas cifras, durará. Si no, no.