Ha vivido los últimos ocho años sintiendo en su nuca el aliento de la Guardia Civil, mirando a sus espaldas cada pocos pasos, escondiéndose como una alimaña. Han sido casi ocho años de huida, que no le han bastado para que la justicia le haya olvidado, como tampoco el doble asesinato que supuestamente cometió.
Jean B.G., un ciudadano francés con antecedentes por tráfico de drogas, acaba de ser detenido como presunto autor de la muerte de una pareja de Las Torres de Cotillas, que tuvo lugar en la madrugada del 23 de agosto de 1998, segundo día de las fiestas patronales.
El doble crimen, que en su día causó una gran conmoción en la Región y que constituía uno de las espinas clavadas para los agentes de la Benemérita, se produjo en un chalé de Las Pedreras, a unos dos kilómetros del casco urbano.
Un asesino profesional
Un hombre dotado de una gran sangre fría, una especie de asesino profesional, mató a tiros al dueño del chalé, Miguel Almagro Balsalobre, de 42 años, dedicado aparentemente a la cría de perros, y a su novia, María Francisca Lisón Fernández, de 29 años.
Los cuerpos no fueron hallados hasta casi dos días más tarde, cuando un sobrino de Miguel le echó de menos y se acercó hasta la casa. Allí se topó con el cuerpo de su tío, tendido en la planta baja de la casa, cerca de la piscina, de rodillas y con la cabeza y el torso recostados sobre un sofá. Tenía un tiro en la cabeza y otro en el pecho. Su compañera sentimental estaba muerta en la cama de la habitación conyugal, con un disparo en la cabeza.
La puerta estaba cerrada, pero las luces exteriores estaban encendidas y los perros encerrados, situación que sólo se daba en la casa cuando se producía una visita nocturna. Todo apuntaba a que Miguel Almagro conocía a su asesino.
La Guardia Civil se encontró con una difícil papeleta. No había testigos -el homicida había ejecutado a la chica en la cama, sin darle oportunidad de despertar-, no se encontraron huellas, no existía un móvil claro ni pistas evidentes y el criminal había tenido muchas horas para desaparecer.
El coche en el que huyó fue localizado al día siguiente del descubrimiento de los cadáveres, perfectamente aparcado y con los seguros echados, en la avenida de América de Cartagena, la ciudad en la que el ejecutor sabía que podía encontrar la ayuda o los medios para salir del país.
Fuentes próximas a la investigación han señalado que el sospechoso, Jean. B., ha sido ya puesto a disposición del Juzgado de Instrucción número 2 de Molina de Segura, quien ha ordenado su ingreso en la prisión provincial de Sangonera. Con ello parece quedar cerrado uno de los casos de asesinato más importantes de cuantos se encontraban pendientes de resolver en la Región.