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Sábado, 28 de enero de 2006
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OPINIÓN
POUGHKEEPSIE
Reivindicación de las lentejuelas
La gente intensa me asusta. Al menos no la quiero cerca porque me agobia (y me salen sarpullidos). Me agobia hasta Jesús Quintero, y eso que sólo lo veo por la tele. ¿Dónde se comprará esa ropa de El principito? Aunque sin humo ha perdido mucho (le hacía como de filtro, como de noche americana). Hay personas que no tienen show pero que también actúan así cuando se dirigen a una. Si, como escribió Paul Valery (y no puedo estar más de acuerdo), lo más profundo del hombre es la piel, no sé a qué viene hacerse el profundo y dar la tabarra. Peor que la gente intensa es la sobreexplotación del adjetivo intenso para todo. Ahora resulta que todo es intenso. Una película, un programa de televisión, un totolhaba. Todo. De las palabras gastadas, ésta empieza a empujar a otras del podio. Hay palabras gastadas en otro sentido. Al menos eso se dice de los grandes conceptos. Ya sabe, democracia, socialismo, libertad, feminismo Pero no es eso a lo que me refiero. Tampoco a expresiones manidas como de recibo o así.

Escenario es otra de las palabritas actuales. Escenarios en negociaciones políticas sobre todo. «El escenario con el que se encontrará Zapatero ». Por cada escenario que leo meto un euro en la hucha y ya casi tengo para unas gafas de sol de Tom Ford y unas zapatillas de Emma Hope. Es que se pone de moda una palabra y se la adopta rechazando otras más usuales. Cuando usando la nueva con esa fruición la pobre acaba convirtiéndose en más ordinaria que las de siempre. Algunas han acabado en puras caricaturas desvirtuando ya su significado original que bien dosificado se podía aplicar por doquier (doquier, qué palabra). Hablo de mítico/a. Mítico ya se utiliza con todo el cachondeo del mundo. Míticos son ya hasta Oliver y Benji. Y luego está lo de icono. Cualquier pelagatos es un icono de algo. La otra es glamour. Resulta que cualquier pelaperros tiene glamour. Por favor. Icono de glamour, no lo duden, tiene puntuación doble, otra jugada y te cuentas veinte.

Luego están esas expresiones que forman parte de colectivos, profesiones, gremios o tribus. Todavía recuerdo una vez (de esto hace muchos, muchos años, tantos que mi careto no necesitaba cremas y sólo las compraba por vicio) en que pedí un cacao de labios en un stand de Clarins. La tía casi me manda echar de El Corte Inglés. Usted perdone, madame. Ahora a ver quien se atreve a llamar pintalabios a la barra de labios (lipstick tampoco queda bien), pintauñas al esmalte, laca al fijador o coloración al tinte. No todo el mundo llama ya flip-flops a las chanclas pero no sé qué pasará en el futuro. También temo por la desaparición de las lentejuelas a mano (a mano verbal) de los pailletes. A las palabras les pasa como a algunos bares. De pronto el personal deja de ir sin saber por qué. Las palabras dejan de usarse. A ver, repitamos. Lentejuelas, lentejuelas, lentejuelas. Tan nuestras. Tan brillantes. Tan intensas.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.



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