Esto es ya lo único que nos faltaba. En la suite de disputas políticas que padecemos cada día, ahora surge algo que, si se generaliza, aún puede ser peor. Al igual que las recalificaciones famosas, también tiene que ver con el territorio.
El alcalde de San Pedro del Pinatar (de quien alguna vez se ha dicho que podría ser el sucesor de Valcárcel) ha tenido el atrevimiento de menear los mojones que limitan su término municipal. Y esto sí que es temerario. La guerra por los territorios es aún más grave que la guerra por el agua. Acordarse de Napoleón Bonaparte.
El edil primero de San Pedro ha cambiado los mojones que lo separan de San Javier y el Pilar de la Horadada. Y se ha embolsado la bonita cifra de 548.000 metros cuadrados. Lo cual es consecuencia, me creo yo, del afán recalificador que padecen los ayuntamientos de la Región. De no ser por eso, ¿qué sentido tiene tocarle las tierras al vecino?
Tocante a San Javier, el hecho es más leve, pues a la postre todo queda en casa. Pero, amigo mío, en el otro caso, con el Pilar de la Horadada hemos topado. Y ya está liada.
¯La cuestión es no aburrirse.
Se podrá decir que el alcalde pinatarense, como lo llaman, replica así a esa compañía aérea que a una parte de la Región nuestra le dio el nombre de Alicante-Sur. Pero eso fue sólo sobre el papel. Quiero decir sin mover los mojones. Y con el añadido de que los que separan -o unen- Alicante y Murcia (los de Beniel, vaya), por ser tan grandes, se requiere una grúa para trasladarlos. Los de San Pedro con San Javier y el Pilar son más pequeños. Y aquí es donde se produce la facilidad para cambiarlos de lugar.
El alcalde de San Pedro y el secretario municipal salen de paseo, ¿no? Llegan hasta la que diremos frontera y miran a un lado y a otro. Y, cuando comprueban que nadie los ve, se llenan de disimulo y, como el que no quiere la cosa, le dan una patadita al mojón.
Como quiera que eso es algo que no hubieran podido hacer con los de Beniel, se concluye que lo mejor para que haya paz y concordia es que los mojones separadores sean gordos, y no meros pedruscos. Esta es la cosa.
Como la valla de Ceuta y Melilla, pero en mojón.