Ya se sabe que la televisión, si no estamos atentos a cambiar de canal, nos puede meter en casa a alguna gente que procuramos evitar en la calle. Hasta ahora, la calle, que no sé por qué se suele calificar de puñetera, ha venido siendo un amplio hogar sin techo donde podemos encontrarnos con un amigo, con un conocido o con un simple «saludado», pero era de todos. Ahora, el señor Rajoy reclama el respaldo de los ciudadanos para que tengamos voz ante el Estatuto catalán. Llevará al Congreso una proposición no de ley apoyada con las firmas que consiga su partido. La consecuencia es que en la calle, que es el único sitio donde todavía se puede fumar, no se pueda dar un paso sin que nos aborde un desconocido pidiéndonos un autógrafo.