Dos testigos y hasta la propia víctima recibieron antes de que se celebrara el juicio cartas en un tono amenazante que presuntamente habría enviado el procesado invitando a sus destinatarios a no declarar. Ayer se celebraba la vista oral contra Javier P. M., acusado de intento de homicidio.
Los hechos enjuicidados se desarrollaron en junio de 2004 cuando, al parecer, Javier se presentó en el pub JB4 ubicado en el barrio murciano del Infante -donde se le tenía prohibida la entrada- y propinó «sin mediar palabra» un fuerte golpe en la cabeza al encargado del local, David, de 36 años, según las declaraciones de la víctima. A consecuencia del golpe, la víctima cayó al suelo donde fue agredido repetidamente.
Según el relato de David, el acusado le dijo que saliera a la calle y éste accedió «para pedirle una explicación del porqué de la agresión». Una vez en la puerta del local, Javier volvió a enzarzarse a golpes con la víctima. De repente, el acusado se separó de David y fue entonces cuando éste se dio cuenta de que estaba sangrando por la zona del abdomen a causa de una herida provocada por un arma punzante.
El acusado negó en todo momento los hechos y aseguró que fue David el que le golpeó con un bate de béisbol. Además, añadió en su declaración que la navaja no era de él y que la propia víctima se la clavó accidentalmente durante la reyerta. Javier P. M. aseguró que el único instrumento punzante que llevaba encima aquel día era una pequeña navaja, a modo de llavero, de unos tres centímetros.
Sin embargo, los médicos forenses aseguran que la lesión que presentaba la víctima en el abdomen se produjo con un instrumento punzante de mayores dimensiones. Los expertos añadieron que David presentaba a consecuencia de la puñalada una lesión en el hígado y una arteria seccionada. Heridas que pudieron haber sido mortales de no ser por la rapidez con que el herido fue trasladado al hospital.
El fiscal, quien calificó el relato de los hechos del acusado de «extravagante», pide 8 años de prisión por tentativa de homicidio dada la gravedad de la herida en una «zona vital y mortal».
Sutiles amenazas
Dos de los testigos mostraron ayer las cartas que supuestamente les ha enviado el acusado. Los textos están escritos a mano y en ellos se identifica como remitente Javier P. M. En el reverso aparecen dibujos impresos de lo que podría ser una revista no profesional, como la que se edita en la cárcel. El remitente aconseja a los destinatarios «dejar que la naturaleza siga su curso».