Loli, la vecina más afectada, se queja también del incesante ruido de las máquinas: «Empiezan a las 7 de la mañana hasta la noche», así como de la gran nube de polvo que se mete dentro de la casa: «desde que comenzaron las obras no podemos abrir las ventanas». Además, «a la hora de irse, echan agua creando un fangal de barro por toda la calle tremendo. Siempre tenemos los zapatos y la casa perdida de barro, así como los coches».
Loli vive en el número 71 del Camino de los Pinos desde que tenía un año, «pero no sé si habría sido mejor que nos expropiaran, porque ahora nadie quiere hacerse cargo de los daños ni me da solución al problema».
Esta vecina cree que tiene derecho a ser indemnizada porque el Real Decreto 1211/1990 de 28 de septiembre indica que la zona de afección de la línea de férrea es hasta una distancia de 50 metros «y han expropiado, e indemnizado sólo a los propietarios de las casas que estaban a 20 metros, y la mía queda a 35 metros». Para colmo «nos han colocado dos torres de alta tensión».