En Portugal, se cumplieron el domingo los pronósticos, que presagiaban una situación en cierto modo confusa: el ex primer ministro socialdemócrata (en el país vecino, el Partido Socialdemócrata es conservador) Cavaco Silva ganó la presidencia en primera vuelta con un ajustado 50,9% de los votos, quedando en segundo lugar el poeta socialista Manuel Alegre, con menos del 21%, y en tercero, el histórico y anciano Mario Soares, padre de la democracia portuguesa y candidato oficial del Partido Socialista, con un exiguo 14%. Lo ocurrido obliga a una cohabitación entre el presidente derechista Cavaco y el primer ministro socialista Sócrates, quien disfruta de holgada mayoría parlamentaria pero quien acaba de ver que su candidato era arrollado en las urnas. Cavaco, economista, que fue primer ministro en épocas de mayor bonanza, sentirá la tentación de intervenir en la política gubernamental, lo que podría ser fuente de inestabilidad (el presidente, en Portugal, tiene considerables atribuciones, la de disolver el Parlamento por ejemplo). Y Sócrates deberá convocar rápidamente un Congreso en el PS para poner orden en su partido.