[García estaba preocupado por si venían todos. Más que nada porque sólo contaba con una botella de vino y un plato de queso. Al final sólo acudieron dos: el médico Manjón y el profesor de Latín Blasi. O sea que bien. Cefe pone una música]
-Esto es una guajira, ¿no?
[El periodista ya lo había leído en la portadilla del cedé]
-Sí, la Guajira Linda.
[Es la primera de su último disco, grabado en el Romea]
-Vosotros ¿cuántos seis?
-Nosotros semos treinta y uno.
-Al principio erais cuatro gatos, ¿no?
-Nos juntamos siete amigos y empezamos con Los Parrandboleros, pero en el primer ensayo ya éramos un grupo numeroso.
-¿Y de dónde veníais vosotros?
-Los siete que empezamos con esto veníamos de la Tuna.
-Dicen que, para estar en Los Parrandboleros, hay que cantar o tocar, pero, principalísimamente, no ser gilipollas.
-Hombre. Lo intentamos. Nosotros montamos esto para pasarlo bien. Con los kilómetros que nos hacemos en autobús, si nos cae un gilipollas nos hace polvo. Al gilipollas no hay que echarlo. Se va él solico.
-Pero tampoco queréis meter a las mujeres, no siendo como no son gilipollas.
-Ya, pero eso es para no volvernos gilipollas nosotros.
[Se descojonan de risa]
-Al principio tuvimos una chica que tocaba muy bien la bandurria. Era profesora del Conservatorio.
-¿Y que pasó?
-Que no cuajó. [Blasi, en cambio, dice que se fue a Ciudad Real. Cualquiera sabe]
-Los ensayos son los martes, creo.
-Sí, en el Cabezo de Torres. A las diez y media de la noche empezamos. Y vamos ya cenados.
-Sé que os lleváis bien, pero, cuando hay una discusión, se arma la de dios.
-Claro. Como somos gentes de buenas condiciones fonéticas... Discutimos mucho, pero no hay ningún roce que se alargue. Eso nunca ha trascendido.
-Yo insisto en que a vuestras mujeres sólo les dais audiencia para que decidan sobre la calidad de la tela de vuestra vestimenta.
-Mira. No le des vueltas. Detrás de un gran músico siempre hay una gran mujer.
[En estas contestaciones golfas se les nota que no han perdido del todo el pelo de la Tuna]
-Si vamos saliendo adelantre es gracias a apoyo de ellas, que aguantan que tengamos treinta actuaciones en el verano.
-Cefe, pincha el dos, y se lo dedicamos a las señoras.
[Cefe, que es muy bien mandado, obedece y se escuchan las dos gardenias para ti. Se ponen los tres un poquito blandos. «Bebamos, pues», que decía el Tío Sentao]
-Te digo, ya fuera de la broma, que si Los Parrandboleros existimos es gracias a nuestras mujeres.
-Cuando salís de viaje, me supongo que no iréis a ver a mujeres malas...
-Eso, nunca. [Lo sueltan los dos tunos a la vez. Y en voz alta] Nuestra música es para mujeres buenas.
[Ahora llama por teléfono, en la voz de Cefe, un sabandeño. Y les echa en cara que si les copian y tal. Pero a García se le derrumba el tinglado, pues resulta que Los Sabandeños y Los Parrandboleros son amigos y se admiran mutuamente. Una mata que no ha echado]
-¿No váis a ser capaces de crear un himno para Murcia, con la falta que nos hace?
-No hemos pensado en eso todavía. Tenemos grabada La Parranda...
-Sí, pero La Parranda no dise nada de Cartagena. Y de lo que tenéis hecho, ¿no se podría sacar algo?
-Tenemos canciones murcianas, pero no con aire de himno. Tiene que ser algo más solemne.
-¿Y por que no hacéis uno y lo cantáis para que se nos vaya metiendo en la cabeza?
-Podríamos hacer algo.
[El entusiasmo que muestran no es indescriptible]
-Es que, claro, si sacamos un himno, nos pueden decir que somos unos pretenciosos. Que si es que queremos arrasar Los Parrandboleros y cosas así.
-¿Cuánto tiempo lleváis actuando?
-Siete años.
-¿Eso es un hito! Porque en Murcia, siendo como somos, hay nada que haya durado siete años. Digo que el examen de ingreso en vuestro grupo no será igual que el de los tunos, a base de putadas y tal.
-Nosotros tenemos el cupo cerrado. Y con gente en lista de espera.
[García, que no es tonto del todo, echa sus cuentas y saca la conclusión de que Manjón, al ser médico, es un privilegiado porque disfruta de dos listas de espera]
-O sea que tienes dos colas, en el buen sentido. Sabiendo que el presidente Valcárcel toca la bandurria...
-La guitarra.
-Vale, la guitarra. ¿Por qué no lo habéis llevado nunca como artista invitado?
-Ha ido a vernos muchas veces...
-Claro que, si toca con vosotros, se enfadarán los del PSOE.
-Lo que podríamos hacer entonces es fichar también a un socialista.
[El periodista dice que lo ve bien, pero que, en este momento, no recuerda cuál es el pito que toca Saura]
-Pues que de políticos hablamos: Cefe, pincha el quince, que la letra es del famoso concejal Barnés.
[Se escucha una que dice algo así como que «el mozo requiebra a la moza, bajo las frondas del Malecón».
-Veo esa letra algo lujuriosa.
-Yo también, coincide el señor Manjón.
-Pues yo no lo pillo, dice Blasi, que es menos borde.
-¿Joder! Está clarísimo. Ahora tendréis que pedirle una letra a alguien del PSOE. ¿Cuánta pasta os habéis repartido en este negocio?
-¿Pasta? Poca. Habría que hablar de cuánta hemos perdido. Pero está bien empleada.
-¿Hay algún castrati en el grupo?
-No. Tenemos uno que sube muchísimo y a veces pensamos... Pero no.
-Le habréis mirado los bajos.
-Sí, sí, desde luego. Cuando nos cambiamos lo vemos.
-¿Y algún gay?
-No nos vendría mal. Pero no disponemos por ahora.
-Y con los finos que sois Los Parrandboleros, ¿cómo es que vais a matar mañana [por hoy] tres cochinos?
-Calla y vente.
-Si no le echáis demasiado orégano a las morcillas, que luego se repite, allí estaré para serviros.
-Gracias, hombre.