Reunidas un día más en la parada que hace esquina entre el Paseo de Alfonso XIII y la Plaza de España, Rosario, Caridad, María y Manuela repasan, sin demasiado esfuerzo, sus experiencias con el autobús. Son usuarias de todos los días, y lo demuestran con su serenidad en la espera.
Saben que el nerviosismo no hará que el bus llegue antes, aunque no reducen sus críticas. «La línea 2 es maravillosa, pero en las demás siempre hay retrasos, los autobuses están viejos y no hay marquesinas en muchos sitios», comenta María, vecina de las casas Alcalde de Cartagena y viajera de la línea 4. «Por la mañana, los autobuses funcionan medio-medio -explica Manuela con un gesto de su mano- , pero los sábados por la tarde y los domingos por la mañana pasa cada hora. Algunos días dan ganas de irse andando».
Son las 11.53 de la mañana, y el 7 acaba de llegar. Varios viajeros se suben a un bus cuyo número pasa de nuevo a las 12.08. Son quince minutos, y Alsa cumple los horarios en las líneas que pasan por este céntrico punto de la ciudad. Los retrasos empiezan a las doce y media, cuando los padres van a recoger a sus hijos al colegio y aparcan en doble fila. Luego se unen al tráfico quienes salen del trabajo. «Dicen que cojamos el autobús, pero luego se preocupan más de poner un Icuebús en el centro, donde no hay distancias», señala Isabel María, que pide atención para el extrarradio.