Me ha pillado en Madrid el encuentro en la segunda fase de los mejores chef del mundo. No son demasiados porque eso de comer no sucede en muchos lugares del planeta. Según los más grandes cocineros y una exigua parte de los comensales, se han dado cita la creatividad y la inteligencia y se ha demostrado que «España es la primera potencia gastronómica seguida de Estados Unidos». Ferrán Adriá es el cocinero más influyente del mundo. También el gran Juan Mari Arzak. No saben mis pacientes lectores hasta qué punto deploro no haber degustado el merengue sin clara, ni el papel comestible, ni las ostras con destilado de tierra. No es ajeno al nuevo movimiento culinario el dióxido de carbono, ni el tetrafluoretano, ni la liofilización. ¿Cómo no habremos echado de menos hasta ahora el nitrógeno líquido en nuestros guisos? Ya jamás podremos prescindir de él. Creo que es una experiencia sensorial única. Quien prueba, repite.