La casualidad (bendita casualidad) ha hecho que en la programación del Teatro Romea coincidan dos grupos o compañías murcianas de gran altura. Hablaba la semana pasada de Tea-Tres; en ésta ha llegado la Ferroviaria con La gitanilla. Dos trabajos bien distintos, pero que merece la pena relacionar; primero, por el buen nivel que ambos presentan, y segundo, por tratarse de lo que podríamos llamar (pequeña) renovación de la escena murciana. Personalmente es lo que más me importa, pues llevábamos muchos años viendo las mismas caras, las mismas firmas, los mismos postulados. Creo que, con la cautela que merece la afirmación, el escenario del Romea está demostrando que algo se mueve entre nosotros; que nuevos directores llegan con renovada ilusión; nuevos intérpretes pisan un espacio de la tradición y brillo del viejo coliseo murciano; nuevas ideas, en definitiva, están apareciendo por estos pagos.