La empresa Cespa lleva apenas seis meses gestionando la macroplanta de Ulea, unas instalaciones que nacieron con el objetivo de ser una referencia para el tratamiento de residuos en la Región y que han estado desde un principio salpicadas por la polémica.
La planta se inauguró en 2002. La anterior adjudicataria, Urbaser, decidió rescindir el contrato porque consideraba que el negocio no era rentable, si no se subía el canon de basuras. Tras un nuevo proceso de adjudicación, Cespa se hizo con la gestión. La decisión coincidió prácticamente en el tiempo con una sanción de 4.300 euros por las irregularidades denunciadas por Ecologistas en Acción en el vertedero de Cañada Hermosa, que también gestiona Cespa. La empresa no quiso hacer ayer declaraciones.