En vez de decir ¿qué país! Debiéramos decir, también con idéntico movimiento de cabeza, ¿qué mundo! En todo el planeta aumenta la desconfianza en los líderes políticos y económicos. ¿Es que en todas partes ocurre lo mismo que en España, donde los mejores se dedican a otros menesteres y dejan la gestión de la cosa pública a los más ambiciosos y a los más torpes? Según la macroencuesta que encarga anualmente el Foro Económico Mundial, el recelo ante los que mandan es creciente. En ningún sitio se fían de la gente que han elegido por la sencilla razón de que tuvieron que escoger entre los que se presentaban.