Imaginen disfrutar de una obra maestra, un arte milenario reservado para sellar un instante especial, una creación cuyo deleite requiera serenidad de espíritu, buen estado de ánimo, cierta complicidad como la suscitada en torno a un vino oportuno y espléndido... De entrada, quizá nadie pensaría en que ese placer divino se encierra en un montón de hojas secas y prensadas. Pero eso es lo que asegura Rafael Cava, dueño de un estanco y fumador instruido, quien interpreta la nueva prohibición de una manera peculiar. Al menos, cuando asegura que lleva años advirtiendo a sus clientes del peligro de fumar... cigarrillos.