Ya está casi demolido uno de los tres chiringuitos de la isla Perdiguera, que la Dirección General de Costas había ordenado derribar ya que no tienen autorización. Los otros dos restaurantes, Joven Mª Dolores y Rosario, tampoco tienen permiso, pero aún no se van a tirar puesto que han recurrido varias veces la orden y posiblemente el asunto acabará en juicio.
Los nueve obreros que trabajan en la demolición de este restaurante llevan ya dos semanas de faena y más de ochenta sacas de escombros extraídas. Pero aún les queda la mitad del edificio por reducir a cascotes y todo con un marro y una pequeña excavadora, lo que dificulta y prolonga la eliminación del chiringuito.
Ya se ha quitado la estructura de sombraje y el piso de arriba. Los obreros de Tragsa, la empresa a la que se adjudicó la obra, tiran ahora la planta baja. Después cubrirán una fosa séptica y un pozo negro que se ha encontrado y que, según Costas, vertían los residuos directamente al mar. La fase de tapiado de este antiguo pozo se hará con arena lo más parecida a la de la playa, puesto que Medio Ambiente les prohíbe la utilización de hormigón. El pantalán que se sitúa justo delante será lo último que desaparezca.
Los obreros clasifican los distintos materiales que van retirando: a un lado el hierro, a otro la madera y en grandes sacos los ladrillos. Al final cuando todo esté amontonado lo cargarán en un barco y parte del material será reciclado. Costas controla muy de cerca la limpieza de esta zona, porque los chiringuitos producen gran cantidad de vertidos, aunque Antonio Balsalobre, un vecino de Los Alcázares, afirma que «prefiero que permanezcan los chiringuitos. Antes cuando no existían, la isla estaba más sucia; ahora por lo menos los dueños limpian algo». Además, para este jubilado y otros vecinos de la zona la retirada del pantalán no es beneficiosa, porque «en verano van muchos barcos y no hay sitio para amarrarlos todos».
También se han demolido tres casas de la orilla de Los Urrutias. Ya sólo queda una de las que Costas ordenó derribar. Estas antiguas casas de pescadores estorbaban para prolongar el paseo marítimo Miguel Hernández.