El salón de actos del edificio Moneo vivió ayer momentos de gran emoción. Anita Moya Hernández es un ejemplo de ello. Por los altavoces, sonó su nombre, en voz de la concejal de Vivienda. Era el momento en que Anita tenía que bajar desde el sillón donde estaba sentada hasta la mesa donde se encontraban los notarios, el alcalde y la edil.
A paso ligero se plantó delante de la mesa y fue cuando sus manos comenzaron a temblar. «Es que estoy muy nerviosa». Aún así consiguió dejar su firma sobre las escrituras de su vivienda y desde ayer ya es de su propiedad. «Estoy muy alegre pero por otra parte me tienen que operar del corazón dentro de poco y estoy preocupada. Sólo quiero que Dios me dé salud para poder disfrutarla mucho tiempo ahora que es mía», explicaba con sus ojos encharcados en lágrimas. Anita ya tiene su escritura y su hipoteca, ya es dueña de su casa.