En este arranque de año se ha producido una acumulación horrenda de violencia de toda índole en nuestro país. La violencia de género ha irrumpido con una frecuencia estadística inusitada y se repiten además episodios sangrientos de delincuencia común que alcanzan llamativa importancia. En pocos días, un hombre mata a dos asaltantes de su vivienda, un vigilante desequilibrado asesina a dos compañeros y se suicida, unos locos asesinan a tiros a un conductor que atropella levemente a una niña, dos hermanos asesinan a navajazos en una gasolinera a un ciudadano con el que han colisionado levemente poco antes, un militar asesina a su mujer, también militar, y a su hija antes de quitarse la vida... La lista es larga y aparatosa, y parece indicar que una sobrecogedora calentura ha embargado momentáneamente a la sociedad de este país. Como diría Bono, un grano no hace granero, pero aquí comienzan a amontonarse semillas de muerte y desolación hasta extremos que quizá indiquen que nos ha acometido alguna patología insospechada...