Mustafá Chaala conoce por propia experiencia la dura vida de los inmigrantes y las tropelías que con frecuencia sufren. Él mismo denunció ante la Guardia Civil al encargado de una empresa agraria que le exigió 50 euros por darle trabajo.
Chaala preside la Asociación de Inmigrantes Argelinos en Murcia (AIAM) y es delegado de la Federación Agroalimentaria de UGT. Señala que las inmigrantes, en su mayoría de origen magrebí, que sufren abusos sexuales o son extorsionadas para conseguir trabajo «se siente totalmente indefensas y desprotegidas, tanto dentro como fuera de la empresa. No sólo no se atreven a denunciarlo, si no que tampoco saben a quién recurrir para que defiendan sus derechos, por lo que esta situación ha ido a más con el paso del tiempo».
El hecho de que los infractores sean en su mayoría inmigrantes y de la misma nacionalidad que las víctimas puede haber contribuido a mantener en la oscuridad este delito.
Chaala asegura que eran más las mujeres dispuestas a denunciar esta situación, pero «muchas han tenido que viajar a su país porque estos días se celebra la fiesta del cordero, que es muy importante en la religión musulmana». Una de las motivaciones que les ha llevado a revelar ahora los abusos sexuales en el campo murciano es la esperanza de que «otras tomen conciencia, se unan y acudan a las autoridades o a los sindicatos y denuncien, y que nos tomen en cuenta y nos protejan, porque estamos bastante perdidas», indica una de las mujeres. Aunque este sentimiento no es unánime.
«Yo no creo que cambie nada, porque está muy enraizado», apunta su compañera.