La exigencia de favores sexuales a cambio de trabajo está tan extendido en el campo, según afirman las tres inmigrantes que han hablado con La Verdad, que incluso existen «encargados que pagan a una mujer para que les busque y lleve trabajadoras que puedan gustarles, que sean jóvenes...»
Quien cuenta este detalle lleva sólo unos meses en España y aún no ha podido trabajar porque se ha negado a aceptar las indignas proposiciones de los supervisores de las empresas agrarias. «Mi situación económica es crítica porque llevo cuatro meses sin trabajar -comenta-. Fui a un encargado a pedirle trabajo y le dije que lo necesitaba porque debía mantener a mi familia, pensando que así lo conmovería, pero me dijo que si quería trabajar tenía que bajarme las bragas».
«No tengo ni un euro»
Esta inmigrante marroquí, al igual que las otras dos con las que se entrevistó La Verdad, se encuentra sola en Murcia, no está casada y parte del dinero que gana lo envía a su país para mantener a sus padres y a sus hermanos.
«No tengo ni un euro para llamar a casa y preguntar cómo está mi familia, y vivo gracias a la caridad de una familia española y a la ayuda de mis compañeras de piso. Para muchas, la única puerta que se abre es ésa», agrega la misma mujer, en referencia a las humillantes proposiciones de los encargados.
Otra de las denunciantes lleva dos años en España, y gracias a que ha encontrado trabajo en una casa particular puede vivir sin tener que recurrir al campo. Ella sufrió las propuestas deshonestas al principio de llegar a Murcia: «Había que acostarse con el encargado para trabajar, pero yo tuve suerte y encontré trabajo en un casa. Además se aprovechan de que la ley te exige haber trabajado al menos seis meses para poder renovar el permiso de trabajo».
El relato de la tercera de las trabajadoras es similar a los anteriores. «Cuando fui a pedir trabajo le expliqué que mi situación era muy mala, pero es peor que eso. Abusan más cuando saben que no tienes escapatoria», indica. Esta inmigrante, la más joven de las tres, lleva en España unos tres años, y asegura que su familia en Marruecos depende del dinero que envía. «Soy la única esperanza de mi familia», precisa.
Añade que los encargados seleccionan a las trabajadoras según sus gustos, y que les gusta examinar a las mujeres antes de elegir. «No ofrecen empleo a las viejas o las casadas; prefieren a las solteras y quieren verte antes de darte el trabajo», comenta.
La primera de ellas deja escapar un profundo suspiro cuando concluye la entrevista, que comenzó con muchas reticencias y alguna tensión. Explica que siente cierto desahogo después de haberlo contado y que espera que sirva para algo.