Llegaron a la Región de Murcia en busca de una oportunidad de ganarse la vida dignamente, dejando atrás tanta pobreza como discriminación. Y se han encontrado con una situación denigrante, que les impide trabajar si no consienten los abusos sexuales de los encargados de darles trabajo.
Tres inmigrantes marroquíes de Torre Pacheco han accedido a relatar a La Verdad las humillantes circunstancias en que viven y trabajan cientos, quizá miles, de mujeres extranjeras en el campo murciano. La única condición que han puesto es no dar sus nombres.
Las tres coinciden en denunciar como «algo general» la exigencia de favores sexuales a cambio de trabajo, por parte de encargados de las empresas agrarias que realizan la selección de los temporeros para las labores del campo. La mayoría de estos encargados, supervisores o capataces son de su misma nacionalidad, marroquíes, «aunque también los hay españoles», indica una de ellas.
Las tres denunciantes afirman haber recibido estas vejatorias exigencias, pero las rechazaron y prefirieron no trabajar o buscar colocación en otros lugares. «Otras han tenido que hacerlo, con todo el dolor, para sobrevivir y poder mantener a sus familias», indica Mustafá Chaala, presidente de la Asociación de Inmigrantes Argelinos en Murcia (AIAM), que hace de interprete en la entrevista entre las inmigrantes y el periodista de La Verdad.
«Todos piden lo mismo»
Las mujeres marroquíes afirman que esta situación no es nueva. «Yo llevo dos años aquí legalmente y desde que llegué existe este problema», indica una de ellas, que cubre su pelo con un velo según la tradición mulsulmana. Tampoco es un caso aislado. «Vayas donde vayas, todos piden lo mismo en esta zona», declara otra en alusión a los municipios del Campo de Cartagena.
El miedo a la vergüenza pública es la principal razón que ofrecen para explicar por qué hasta ahora ninguna ha presentado denuncia ante la Guardia Civil o la autoridad laboral. Mustafá Chaala apunta varias más: «El idioma es un problema, la ignorancia también; no saben a quién recurrir ni a dónde ir, pero el mayor es su estricta religión. Para una mulsulmana es una deshonra muy grande sufrir abusos sexuales, aunque sólo sean sospechas».
Otra circunstancia que puede haber influido para que este delito no haya trascendido hasta ahora es que se trata de abusos selectivos: «No ofrecen trabajo ni a viejas ni a casadas, y quieren verte antes de darte el trabajo, porque si no les gustas...», señala una de las denunciantes.
Sobre la reacción de los empresarios ante estos atropellos, comentan que «no se preocupan por ello, mientras no falten trabajadores y hagan su trabajo».