El peligro de un choque de civilizaciones, alimentado por el terrorismo, amenaza la paz, alertó ayer Benedicto XVI, quien recordó a los países ricos sus obligaciones hacia los millones de personas que no tienen lo indispensable para vivir con dignidad.
El Papa, en una recepción a los 174 representantes del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, habló de la paz a la cual se llega a través de la verdad, la libertad, el perdón y la reconciliación.
La paz es el objetivo común de todos los hombres, pero en muchas partes está «impedida, herida o amenazada», indicó el Papa, quien aseguró que «cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz».
Sin embargo, en el contexto actual «se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones», que «se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial».
Las causas del terrorismo son «numerosas y complejas, además de las ideológicas y políticas, unidas a aberrantes concepciones religiosas», si bien «ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal», que es «mucho más deplorable cuando se apoya en una religión», enfatizó.
Benedicto XVI señaló que las diplomacias pueden dar «una aportación esencial» para que la diversidad de los pueblos y las culturas puedan recomponerse no sólo en una «coexistencia tolerante, sino en un más alto y rico proyecto de humanidad».
El obispo de Roma recordó que sólo «el silencio de las armas» no es paz, pues no se puede hablar de ella «donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad».
Las poblaciones enteras que pasan hambre, los que huyen a campos de refugiados, los que se ven obligados a emigrar con «la esperanza de una vida más humana» y pueden ser víctimas del tráfico de personas -«una vergüenza para nuestro tiempo»- estuvieron en el recuerdo del Papa.
La verdad, que lleva a la paz, «exige» que los países prósperos respondan «al deber de ayuda utilizando con mayor generosidad los propios recursos», dijo Ratzinger y recordó que el dinero para armamento es suficiente «para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres».