Muchas son las anécdotas y vivencias que David Meca puede contar de su insólita travesía. Pero a la hora de resumirla, el nadador catalán se queda con «el miedo que me produjo el mar de noche. Piense que de las 26 horas que duró la travesía, 14 de ellas fueron en la más absoluta oscuridad. Y eso me producía un miedo terrible. Piense que no había luna ni estrellas y la escasa luz que tenía era la que procedía del barco de apoyo».
Reconoce que cuando peor lo pasó fue al ver una aleta enorme que parecía de un tiburón. Y no. Se trataba de un gigantesco pez-luna que llegó a estar a medio metro mío. Y no olvidenos las medusas, que hubo momentos que me rodeaban casi por completo y que me acompañaron a miles».